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viernes, 6 de octubre de 2017

ACCIÓN CIUDADANA


Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Hace algunos años un grupo amigos constituimos un corriente de opinión que llamamos Corriente de Acción Ciudadana, desde ahí pretendíamos y de alguna forma lo logramos, ser un espacio de acción política con posición acerca de los acontecimientos que se vivían en la ciudad y el país; y con acción local para contribuir a las transformaciones necesarias.
Aunque no era una expresión numerosa, logramos llamar la atención sobre diversos temas. Hoy, considero necesario que más ejercicios como esos se reproduzcan en los diferentes espacios del quehacer social, político y cultural donde nos encontremos. Organizarnos, alzar la voz, actuar para transformar; son acciones ciudadanas que debemos tener como práctica cívica.
La naturaleza y los políticos nos han hecho vivir tiempos difíciles. A los desastres naturales se suma el oportunismo político y las operaciones que desde el gobierno federal, estatal e incluso municipal se orquesta para beneficiar a empresas -de amigos o financiadores de campañas- en la reconstrucción de los espacios afectados por los sismos del pasado mes de septiembre.
Las campañas se acercan, y desde todas las esquinas no se pierde tiempo para buscar candidaturas, ya sea por los partidos que conocemos o como “candidatos independientes”, que luego sabemos de independientes tienen solo el registro. Y aunque se cansen de gritarlo, descubrimos muy pronto, que tiene más autonomía un recién nacido que sus candidaturas.
En fin, los ciudadanos estamos ahí, y en todos los momentos se ha demostrado que no es necesario pertenecer a partido político alguno o formar parte de algún organismo no gubernamental para participar de la transformación de nuestro entorno, un ejemplo muy claro fue la solidaria acción de los rescatistas sin nombre pero con rostro que se sumaron a la lucha por recuperar vidas minutos después de los sismos del 7 y 19 de septiembre.
La acción ciudadana es y será muy importante para la reconstrucción de las ciudades afectadas, por las inclemencias naturales, acciones de observación, de seguimiento, incluso de intervención, allí donde las manos del gobierno burocraticen los apoyos, será ineludible ciudadanizarlos; allí donde se canalicen los recursos, será fundamental exigir transparencia y rendición de cuentas para evitar oscurantismo y que alguien o algunos cuantos enquistados en el poder, se beneficien con los apoyos sin merecerlo.
Un ejemplo, lo encontramos la semana pasada, cuando vía Twitter el gobierno de Canadá anunció que entregaba al mexicano 1,500 casas de campaña, pero el SAT en su cuenta solo reportaba 750. Fue gracias a esta acción ciudadana que se confrontó la información y se supo lo que realmente se había donado. Ese pequeño ejemplo demuestra lo que enfrentará la reconstrucción y la necesaria acción ciudadana.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.
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viernes, 22 de septiembre de 2017

¿LES CREEMOS?


Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

En el próximo número de Revista Quaestionis, que empezará a circular el día de mañana, dedicamos el número al análisis de la realidad sociojurídica, decidimos titular a este número Gobierno vs ciudadanía. Planteamos el título desde un perspectiva latu sensu, para exponer ideas y realidades de cómo el gobierno ha fallado en su compromiso y responsabilidad con la sociedad.
Varios ejemplos desde nuestra realidad nacional podemos enumerar, falta en los temas de seguridad pública, en el tema del empleo –aunque se empeñen en querernos convencer que es el sexenio del empleo; han fallado en los temas de salud, porque en esencia el seguro popular es un paliativo que solo administra las dolencias. Se ha fallado en el compromiso con la educación, en ofrecerla de calidad, con elementos que preparen a los educandos para el futuro inevitable que tienen, en las pobres condiciones de miles de escuelas en todo el país, muchas de las cuales están en las ciudades más grandes e importantes del país, y eso no es culpa de la CNTE, como dice el secretario que nos invita a “ler”.
En el número 33 de Quaestionis, podrán encontrar once relevantes aportaciones en seis secciones, plenamente consolidadas, a decir: análisis, poderes públicos, realidad sociojurídica, internet y derecho, derecho en su tinta y diálogos para pensar. En ellas, los autores exponen de manera clara su análisis de esta relación que se establece entre gobierno vs ciudadanía.
En esta idea, los mexicanos tenemos varia experiencia, la incapacidad de este para construir una mejor calidad de vida de los ciudadanos, infraestructura de calidad y no como la del socavón del paso exprés; vivienda digna con materiales de buena calidad y servicios básicos y no casas que al poco tiempo son abandonas y quedan en el olvido.
Un tema fundamental lo es también el medio ambiente, la autoridad ha fallo en eso, no solo al no proteger las áreas que están siendo dañadas en territorio nacional, sino al permitir que día a día el aire que respiramos se vaya degradando porque vehículos, industrias, talleres y más omiten cumplir con el marco legal que los regula y porque la autoridad por omisión o mordida cierra los ojos.
¿Le creemos al gobierno cuando nos dice que las cosas van muy bien y que las cosas buenas también son noticia cuando la realidad echa abajo su discurso optimista? ¿Les creemos cuando la inseguridad va en aumento y la canasta básica ha sido afectada por la inflación? ¿Cómo creerles cuando presumen transparencia pero un reportaje de Animal Político los exhibe con la Estafa Maestra?
Encontremos respuesta a estas interrogantes, por lo pronto los invito a buscar, suscribirse y leer los contenidos del número 33 de Revista Quaestionis, a quien pueden seguir en Twitter en la cuenta @QuaestionisMx. Por cierto mi aportación se titula: “gobierno y desobediencia civil” la desobediencia civil desde la perspectiva de la acción ciudadana y de su responsabilidad ética frente a las acciones del Estado que vulneran derechos protegidos en la Constitución.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


PD. ¿Hemos aprendido todos, la experiencia del terremoto de 1985 a 32 años de la desgracia en la ciudad de México, tengo la percepción que no todos y no del todo?
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viernes, 24 de febrero de 2017

TOLERANCIA, PLURALIDAD Y DESARROLLO



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


La elección de Donald Trump, locuaz y de perfil dictatorial e imperialista, puso a debate lo avanzado en materia democrática en los Estados Unidos y en las relaciones internacionales sobre la base de la diplomacia y el respeto a las naciones. Lo que parecía irreversible ahora se pone en duda, las certezas se esfuman y entramos a un periodo incierto y turbulento. Las lecciones para nuestro país son claras e ineludibles; hay que abrir el diálogo, debates incluidos, sobre nuestra realidad nacional, en sentido amplio, desde la conducción del país, el modelo económico, la desigualdad social y la próxima elección presidencial. A la ya de por sí precaria vida democrática y deformada vida pública se agrega, ahora, la amenaza real del poder Estadounidense, que nos retira inversiones, nos aísla en la frontera y expulsa a nuestros compatriotas.

Trump y varios casos más similares en otras partes del mundo muestran que es posible la involución democrática, de la cual no estamos exentos en México; de la conciencia de esa posibilidad debemos extraer las lecciones del caso para hacer lo correcto. Pienso en fortalecer las instituciones, dar voz a los ciudadanos, garantizar elecciones libres, caminar hacia una sociedad incluyente, ganar en justicia y equidad, acabar con la violencia e impunidad, reinventarnos positivamente pero con la esencia histórica de nuestra nación y cultivar los valores colectivos. 

Es necesario establecer si lo que tenemos como democracia es suficiente y si de ese nivel se podrá avanzar; pero también analizar si hay riesgos de retrocesos. Se debe proceder con seriedad, más allá de intereses grupales y de la retórica. Hay que clarificar el compromiso democrático y convocar al diálogo que marque el rumbo común. No se puede hablar de unanimidad ni de apariencias patrioteras, de hacerse estaríamos cayendo en la simulación. Hay que encarar nuestra realidad por amarga y gris que sea para estar en condiciones de andar en el desarrollo democrático. 

Es pertinente revisar los niveles de tolerancia política y social, es decir, tanto de la relación entre partidos y líderes como entre los cuídanos. Me parece que hemos avanzado muy poco y que, con relativa facilidad, somos espectadores o actores de espectáculos dé intolerancia en lo general; ejemplos abundan. Es muy frecuente que los líderes se descalifiquen y sean incapaces de dialogar, en un afán destructivo y auto complaciente, apostándole a la proyección mediática y a endulzar el oído de sus seguidores. En esa línea, se pierden en el humo las ideas, los diagnósticos y las propuestas. Hay que aclarar que el debate en si es perfectamente válido y normal, en tanto no se vuelva un estridente coro de descalificaciones. Lo peor del intercambio de ataques  son las personalizaciones, omiten la crítica constructiva de hechos y responsabilidades. 

Se afirma que los valores se han perdido, se dice así para intentar la explicación de conductas antisociales. Creo, por mi parte, que los valores esencialmente son los mismos, que cambiamos los que los portamos, quienes no siempre los asimilamos tal cuales ni los aplicamos correctamente. El tiempo cambia, los ciclos sociales y humanos también, las nuevas generaciones requieren educación formal y social, en ellas se refleja inmediatamente, en tiempo real, nuestra calidad humana y nuestro desarrollo social. Es un error pretender que los niños y los jóvenes, por decreto, van a comportarse en forma civilizada y sana; necesitan el ejemplo de sus mayores y un marco de democracia eficaz que incluya instituciones funcionales, fuertes y legítimas. Ahora aprendimos que la vida social armónica, con paz y justicia requiere regarse con información, derechos y legitimidad.

Recadito: Solo los Xalapeños salvaremos a Xalapa.





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jueves, 19 de enero de 2017

INSTITUCIONES DÉBILES Y PELIGROSAS



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

Es de una gigantesca obviedad qué hay una crisis institucional en nuestro país, en el sentido más amplio; las elecciones no están garantizando representación legítima ni formación de gobiernos competentes; las cúpulas políticas y las instancias de desiciones andan por su lado, en el auto consumo, mientras la mayoría de la población enfrenta una problemática cada vez más compleja. Es urgente un auténtico diálogo nacional, nada parecido al llamado "Pacto por México", sin maquillaje y vulgar cálculo de poder, que acerque posturas e intereses para conjuntar esfuerzos y enfrentar con mayor capacidad el cada vez más acelerado proceso de demolición de las institucionales.

Es alarmante, sumamente peligroso, que los grupos del narcotráfico impongan su ley en amplias zonas del territorio nacional y que rijan actividades sociales y de la autoridad. A pesar del tiempo que lleva la utilización de las fuerzas armadas muy poco se ha avanzado en la preparación de las policías y en el comportamiento gubernamental en lo general. La ciudadanía sigue siendo amenazada por fuerzas oscuras y delincuenciales, sometida a régimen de miedo y terror. No se ve convicción ni claridad, más bien todo lo contrario, en los distintos niveles de gobierno para hacer frente a la ola creciente de violencia que amenaza nuestra convivencia básica y ejercicio de libertades. Hay excepciones, como en Veracruz, donde hay presencia cada vez más notable del Gobierno Estatal, asumiendo el papel de autoridad y garante de la ley que, por complicidad y corrupción, las administraciones recientes abandonaron para desgracia de la población que se vio azotada por violencia y temor.

Algo anda muy mal cuando hay tanto presupuesto público, tanto empleado gubernamental, tantos policías y soldados, tanto partido político, tanto diputado, tanto edil, etcétera, y no se refleja en niveles aceptables de seguridad ciudadana. Se puede concluir que no funciona bien el aparato público ni se aplican correctamente las leyes. Hay gobiernos  disfuncionales y sociedad huérfana, con imperio de grupos informales que aplican sus propias leyes. Se vuelve inútil o prescindible todo el entramado público cuando no importan las leyes formales ante la fuerza de la delincuencia, cuando no es relevante sufragar ni por quien hacerlo, cuando los funcionarios se sirven de los cargos y los diputados se representan así mismos, entre otros fenómenos de ruptura entre el poder y la sociedad. 

Urge visión de Estado, incluso apelarla para Peña Nieto, quien ocupará la presidencia todavía por casi dos años; hay que presionar para los acuerdos nacionales, de contenido trascendente, de cara al país, poniendo algo cada  quien, sin ventajas grupales. Es posible que no pase de ser una buena intención, que sea mal vista por los pragmáticos y por los sectarios, pero no hay tiempo para perderlo en especulaciones y evasivas, tampoco para apostar toda la energía a un solo acto como puede ser la elección presidencial del 2018. Es un paso sincero al realismo y al compromiso amplio y generoso para enfrentar una situación inédita, grave y peligrosa. Estamos ante la tormenta perfecta: instituciones débiles e ilegítimas, crisis económica, hartazgo social y un Trump pendenciero y fascista. Los efectos pueden ser devastadores para Mexico todo, en forma de convulsiones sociales. Deberíamos preocuparnos de eso y deponer las pequeñas mezquindades de poder.

No tiene sentido exponer nuestra tranquilidad por afanes mediocres de politiquillos huecos o voceros de ilusiones paradójicas, no es sano seguir con un juego democrático de fachada e inútil; los primeros en comprenderlo deberían ser los políticos, pero no lo van a hacer por si solos, lo asumirán hasta que sientan la presión social y la exigencia ciudadana concreta. La población también debe instalarse en un aprendizaje democrático con carácter urgente, alejarse de tentaciones violentas de vía rápida que empeoren todo bajo un falso espejismo. La justicia va con la verdad o no lo es, también es incluyente y de legalidad. No hay varita mágica o atajos revolucionarios, todo será producto de un proceso. 

En tanto hay elecciones federales vamos, en nuestro caso, por las votaciones municipales, donde tendrá que vivirse una recomposición de los Ayuntamientos, eligiendo cabildos representativos, honestos, capaces y plurales. En lo inmediato y pequeño, como son los Gobiernos municipales, deben ensayarse formas novedosas de gobierno, con auténticos servidores públicos, austeros y eficaces. Es una gran oportunidad para elegir ediles que valgan como personas en si antes que las siglas que los postulen, para tener cabildos vivos y que no signifiquen costos excesivos para los contribuyentes. 


Recadito: Solo los ciudadanos salvarán a los ciudadanos.
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viernes, 30 de diciembre de 2016

LAS REDES SOCIALES Y LA POSTVERDAD



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

Hace algunos años sucedió la llamada "Primavera Árabe", a la caída de Gobiernos dictatoriales como efecto, entre otros, de masivas y permanentes movilizaciones ciudadanas. Mucho se habló del relevante papel de los medios de comunicación y de las redes sociales en las convocatorias y los procesos informativos de los manifestantes. Sin duda mucho tuvieron que ver las posibilidades de comunicarse al margen de los medios tradicionales que, como en todo el mundo, formaban parte del aparato de control de gobiernos autoritarios. Al paso de los años son variados, en algunos casos regresivos, los resultados de los cambios en esos países. La experiencia vivida en esos casos demostró que las redes trajeron oxígeno democratizador y juegan un papel significativo en los cambios pero no son, por obviedad, garantía de algo más. Son información y convocatoria si de cambios políticos se trata. 

En México, ha sido acelerado el acceso de la población a las redes, solo condicionado por la cobertura y costos del internet. Somos muchos millones de mexicanos los que navegamos e interactúamos en el internet, con efectos cada vez más influyentes en los comportamientos sociales. La crisis de los medios tradicionales de información es contundente y acelerada, dejándolos para consultas marginales y dependientes de intereses políticos. La falta de credibilidad y de imaginación están  siendo muy severas  con el duopolio  televisivo, en pérdida acelerada y abismal de público e ingresos. El acceso a internet y a las redes sociales está provocando cambios muy importantes en las posturas de la gente y en el comportamiento  de los funcionarios públicos. 

Vamos a un proceso formativo en el uso de las redes, son como en la vida misma donde se aprende, se cometen errores y hasta se abusa. De lo que ya no hay duda es del impacto central en el acceso a la información y en las convocatorias de la gente. Ahora es muy sencillo comunicarse en tiempo real, cuando ocurren los hechos, sin intermediarios; esa ya es una realidad con la que tenemos que convivir y aprender. Este proceso elude controles y muestra a la gente, incluidos los poderosos y los abusivos, en su realidad. Con un sencillo video se han podido denunciar actos de corrupción y atropellos; con una transmisión en Periscope se presentan posturas y actos pero también se convoca. Los niños y los jóvenes ya viven esta realidad comunicativa, la van a perfeccionar y a lanzar mucho más alto; no van a permitir menos de lo que ya usan.

Los líderes y gobernantes que no se actualicen quedaran marginados  de la modernidad, pasarán al anonimato y se verán muy disminuidos. Hablar en directo supone preparación, mostrarse tienen enormes virtudes y riesgos, puede presentar a alguien con conocimiento y a otros huecos. En general en Veracruz, los políticos van al día en estas materias, intentando no quedar atrás de los procesos actuales de comunicación. Desde su campaña el Gobernador Yunes ha utilizado los recursos tecnológicos y a las redes para enviar sus mensajes, eso lo pone a la vanguardia en la escena pública y le permite llegar directamente a la población. 

De los fenómenos que han resultado de las redes hay uno que merecerá un análisis detallado, la llamada postverdad: se trata del manejo imaginario, doloso o no, de ciertos hechos y personas sin que consten o, incluso, sin que existan. La inmediatez informativa permite que se den por ciertos los datos que circulan en las redes creando una auténtica realidad virtual, no por los instrumentos sino por sus efectos. En la maraña y complejidad de la información y datos puestos frente a nosotros hay el gigante reto de encontrar lo cierto y lo sustancial; esa es toda una tarea para la sociedad. 



Recadito: Con mi abrazo van mis deseos de que sus planes y metas se cumplan en el Año Nuevo 2017...
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jueves, 15 de diciembre de 2016

LIBERTADES DE TODOS Y PISÓ COMÚN



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

Decir que vivimos en democracia puede ser de obviedad y fácil o un engaño complejo; para ser serios hay que partir de la precariedad de nuestra democracia local a tono con la del país. El proceso de desarrollo democrático es de contrastes, zigzagueante, de avances y retrocesos; ahora lo sabemos; no hay la claridad y certidumbre sobre un avance seguro e inevitable, no, también hay parálisis y retrocesos en la vida y el sistema democrático. En Veracruz, en forma apabullante, estamos pasando por una muy delicada situación financiera con implicaciones sociales y políticas que pone en evidencia que faltaron controles y contrapesos para impedir el saqueo del erario y el deterioro de la vida pública. 

La democracia es viva, con resultados y bienestar social, o no pasa del papel y el formalismo; es evidente que poco hemos aprendido y aprovechado colectivamente de la democracia; poco sabemos de ella y más poco la practicamos. Cuesta mucho a algunos sectores y liderazgos asumir mínimos de cultura democrática; lo podemos ver en el ejercicio de libertades, cuando solo exigimos derechos sin estar dispuestos a cumplir obligaciones. Al respecto hay un debate por organizarse en los medios y otros ámbitos. 

En el marco de los escándalos del gobierno anterior, todavía pendiente del desenlace penal por fuga y resolutivos varios, se dieron largas y difíciles jornadas de protestas que implicaron bloqueos de oficinas y calles por trabajadores burlados en sus derechos básicos. Dichas movilizaciones se generalizaron hasta provocar el caos y descontento del resto de la población; no hay que omitir la solidaridad lograda por los trabajadores en porciones importantes de la sociedad al ver que sus demandas eran justas. De reiteradas las protestas, en algunos momentos excesivas, cayeron en afectaciones severas a la vida cotidiana de la gente.

Llegamos al punto en que las libertades se cruzan, siendo tan valida la de manifestación como la de tránsito, obligando a una reflexión y definiciones de los liderazgos y autoridades sobre su ejercicio. Queda claro que las libertades no son absolutas si se vive en sociedad, que cada uno cede algo de ellas para sumar en orden y seguridad sociales. Es impensable una sociedad sin reglas, democráticas en este caso, donde cada quien hiciera lo que quisiera, en la anarquía. Precisamente es el Gobierno el encargado de hacer cumplir esas reglas,  para eso se le elige y da un mandato.

En cualquier país, sin importar su orientación ideológica, por mínimos de orden, está prohibido bloquear vías estratégicas; se preserva con ello la movilidad de las poblaciones y se mantiene un ambiente de respeto a las mayorías y a la legalidad. Cuando se viola la ley, de poco en poco, se evoluciona a un deterioro moral y de tendencia criminal. Es una condición democrática el respeto a las normas legales, aplicable a todos. No debe haber excepciones en la aplicación legal, no hay banderas que justifiquen el que se pase por encima de los intereses de la colectividad. 

Observo con rubor preocupante un descenso en los debates sobre las manifestaciones que bloquean calles, no sobre las manifestaciones en general, lo cual sería muy sano, sino sobre las acciones de fuerza y presión que buscan obtener beneficios parciales. Hay que ser muy claros y escrupulosos al respecto: no es lo mismo una marcha en movimiento continuo y un mitin en plaza pública a un bloqueo deliberado que busca afectar a la gente, una especie de extorsión, para obtener beneficios. No debe haber concesiones a grupos de vivales, para los que la tranquilidad y derechos de los demás es secundario; su actuación no hace democracia y sí provoca daños. La fuerza pública, estrictamente respetuosa de los derechos humanos, debe actuar legítimamente cuando se ponga en riesgo a la gente y se afecte a la población; no se trata de reprimir, más bien su labor debe ser disuasiva. 


Recadito: Concierto navideño de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil SEV-DIF el 16 de Diciembre, a las 17:30, en la explanada de oficinas centrales.
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