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jueves, 17 de agosto de 2017

¿Aún existe el sueño norteamericano?



 Silvino Vergara Nava

Comunicar una verdad por medio de tantas bocas
es transformarla en la verdad de todos”.

Juan Pablo Feinmann

Las últimas noticias que se han puesto a la luz pública versan sobre las grandes tragedias que viven los migrantes para intentar el denominado “sueño norteamericano”, que consiste en llegar al país del norte, concretamente a EEUU, para contar con un trabajo y un salario pagado por horas y en dólares, que les permita obtener dinero suficiente para subsistir un determinado tiempo en esa nación, para posteriormente retornar y enviar permanentemente recursos a las familias y parientes que se quedaron en las tierras de origen; sin embargo, con estos trágicos sucesos de las últimas semanas que se han puesto en los medios de comunicación: asfixiados, ahogados, mutilados, envenenados, etc., intentos frustrados para pasar la frontera, se pueden deducir dos situaciones diversas.
La primera, de simple sentido común, es la pregunta: ¿aún existe el sueño norteamericano? Con lo que se ve en las noticias, pareciera que no; por el contrario, se ha evaporado. Es imposible contar con la posibilidad de llegar a Norteamérica y contar con un trabajo que permita mejorar el nivel de vida, por lo menos de los que se quedaron en el país de origen. Pareciera que pasar la frontera es un caso titánico, superar toda la serie de problemas y contingencias que se observan en la televisión, se narran en las estaciones de radio y se leen en los periódicos, y actualmente en los medios electrónicos; de todo ello, la simple deducción es muy sencilla con todas estas tragedias: “no intente”, es una situación de vida o muerte, de plena supervivencia. Pero ¿que estas tragedias no sucedían anteriormente?, ¿por qué actualmente se ha incrementado este tipo de noticias? De aquí se desprende la segunda deducción: Esto siempre ha sucedido, todas estas tragedias que ahora son las columnas principales de los medios de comunicación siempre han existido, y posiblemente en peores condiciones; sin embargo, hoy se ponen en la mesa para que a través de los medios de comunicación se pueda disminuir la migración, que sean los menos los que intenten el sueño norteamericano. Es una forma de evitar que se tenga la problemática del gran número de personas que se echan a su suerte para lograr un trabajo que les permita obtener un recurso económico decoroso.
Tal parece que es una prueba más de la fuerza de los medios de comunicación, a decir del profesor Feinmann: “Para proyectar una verdad en una multitud es necesario un Grupo Comunicacional. El Grupo Comunicacional, el pulpo informativo, tiene miles de voces, miles de «periodistas» que comunican, que dicen lo que el Grupo les impone decir, lo dicen a través de miles de canales de emisión, estas emisiones atrapan la subjetividad de los receptores, la colonizan, la anulan” (Feinmann, José Pablo, “Filosofía política del poder mediático”, Planeta, Buenos Aires, 2013). Esto es lo que está sucediendo con las noticias actuales, la voz es unánime: “no intente usted traspasar los muros de EEUU”. Desde luego que no se dice expresamente en lo medios de comunicación, simplemente se reduce a narrar lo que está sucediendo: muertes por todas las ciudades fronterizas y tragedias familiares, con lo que dejan en el pensamiento de cada uno, en el subconsciente, que se trata de una tarea casi imposible de cumplir. Una muestra de lo que hacen los medios de comulación monopolizados con la población. Esto no significa que no suceda, pero el hacerlo en estos tiempos con tanta insistencia es claramente parte de las políticas públicas norteamericanas para que disminuyan, por los menos, los intentos de traspasar las fronteras por los migrantes. A decir del profesor Zaffaroni respecto a esas políticas norteamericanas: “Desde fines de los años setenta del siglo pasado se abandonó el New Deal y el Welfare State y se montó un aparato represivo monstruoso, que tiene por objeto controlar a su población de negros y latinos y frenar la inmigración del sur, que intenta desplazarse impulsada por la necesidad” (Zaffaroni, Eugenio Raúl. “El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo”, Madres de la Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina, 2015).

El problema es que si sostenemos que se ha terminado el sueño norteamericano —para los que consideran que ha existido alguna vez— en las poblaciones, regiones y naciones —que no es únicamente México, sino, por lo menos, en todos los países de Centroamérica—, para las personas que prueban su suerte al pasar las fronteras debido a las pocas esperanzas que tienen en sus países, ya no hablemos de contar con un trabajo, sino simplemente de supervivencia, ya que los grupos criminales mandan, los gobiernos locales no gobiernan, la población se desplaza a otras regiones, a decir del profesor Bauman: “De personas que buscan refugiarse de la brutalidad de las guerras y los despotismos, o del salvajismo de una existencia hambrienta y sin futuro, llamando a las puertas de otras personas” (Bauman, Zygmunt, “Extraños llamando a la puerta”, Paidós, España, 2016). Es evidente que no hay esperanza alguna más que en denominado sueño norteamericano. Lo único que prueba esta trágica situación es que el modelo actual económico, político y jurídico está rebasado, se encuentra caduco, no puede permitirse tantas desigualdades; es indudable que se debe modificar para evitar ese sueño norteamericano que en el fondo no es un sueño a la migración, pues nadie quiere salir de su entorno, es una esperanza simplemente de mayor igualdad que hay que buscar por doquier.
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viernes, 7 de abril de 2017

LOS OTROS Y NOSOTROS, MEXICO Y EL MUNDO


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Antes de que agarren vuelo las campañas por la presidencia de México, bien vale la pena expresar algunas definiciones básicas para la convivencia social. Todavía es menor el ruido de los tambores de guerra electoral y ya empieza a notarse cierta polarización en nuestra sociedad, con sus nocivos efectos en la división social y la ineficacia con sectarismo incluido de los aparatos de gobierno. Este es buen momento para dejar claro lo que nos une o nos debe unir, la calidad de las elecciones, los puentes a tender, el piso común y el día después de las elecciones. Habría que crear un consenso sobre los valores democráticos elementales: Diálogo y pluralidad. Nadie que reniegue, de palabra y acción, de tales principios debería recibir mandato popular.

Elevar a lo sagrado el valor "del otro" que, junto conmigo, somos nosotros; asumir qué hay otros en la sociedad, que piensan y votan distinto. Ahí se funda el respeto y la tolerancia; de esa concepción surgen el diálogo y las formas civilizadas de convivencia y competencia. No debe haber lugar para la política de la descalificación, ni voz que deshumaniza al adversario y justifica la violencia. El maniqueísmo de buenos y malos camina en sentido contrario al respeto por los demás. Sería un poco humorístico lo que sucede con cierto tipo de fundamentalistas sino fuera una postura peligrosa en si misma: El que reparte certificados de buenos y siempre se auto adjudica el suyo, dejando a los malos de su imaginación los papeles sucios. 

México viene de una vigente cultura autoritaria, la que se justificaba con la revolución; el avance democrático todavía no desarrolla plenas formas democráticas más allá de lo formal; somos otro país en tiempo y algún progreso atrapado en los cacicazgos y clientelismo de hace cien años. Del partido de Estado, membrete sin espíritu y oxígeno, pasamos a un sistema de partidos con rasgos de franquicias, vacíos de ideas y representación y controlados por una persona o un grupo. El culto a la personalidad del presidencialismo se trasladó a los partidos políticos, concebidos como plataforma individual o grupal de poder. 

No hay autoritarismo bueno o malo, todas sus manifestaciones son nocivas para el desarrollo social. Con todos sus defectos, viéndolas como organismos reformables, las instituciones actuales están por encima de la voluntad individual. No hay plaza pública ni búnker cupular que interprete el interés general ni sustituya el sentir popular. No hay atajos para los cambios, sus caminos son lentos, graduales y poco épicos. La magia radica en el despertar y la participación de la gente, con sus derechos e intereses. Las recetas milagrosas son como todos los productos de ese carácter, fraudulentas y contraproducentes. 

Al venir de fraudes electorales y cerrazón de las élites, más preocupadas por acumular poder, pueden surgir sectores sociales y políticos justicieros que quieran la vieja medida de "ojo por ojo y diente por diente", alimentando la venganza en el resentimiento social existente. Ahí está la prueba para los Estadistas, para los líderes genuinos, para quienes creen en la pluralidad y respetan a los otros. Es la prueba de mantener lo que funciona para renovarlo o destruir todo y levantar lo que sea con las cenizas. No hablo de teorías, parto de la realidad conocida, sin duda habrá justicia pero no se mezclará con la forma de pensar de los perseguidos; es decir, las penalidades se aplicarán a los que hayan delinquido no a los disidentes. No habrá "archipiélago de Gulag" ni "revolución cultural" ni campos de reeducación. Desde ahora se debe aligerar la confrontación, proscribirse la violencia verbal y la descalificación al contrario; no somos enemigos, si acaso adversarios políticos, pero somos connacionales y, sobre todo, humanos. 

Creo en esas bases para la política partidista y electoral, como una forma clave de contribuir al desarrollo de todos los órdenes de la sociedad y hacer una sana vida pública. Creo también que en este momento todavía hay oídos para las reflexiones y las palabras que quieren lanzar mensajes de sensatez. Después será tarde, con el ruido de los discursos, las porras y los spots. Todavía no se ve el alineamiento férreo en torno de los partidos y las figuras. A riesgo de pecar de ingenuo, me animo a exponer estas ideas que quedarán plasmadas para la posteridad.

  

Recadito: Me voy a quedar a apagar la luz.
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jueves, 2 de febrero de 2017

MUROS INTERNOS Y ETERNOS



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

El debate nacional gira en torno a las amenazas de Trump contra nuestro país; más que menos los líderes y grupos nacionales se han unificado en una postura de defensa de nuestros intereses, sin que medie mayor convocatoria. Es tan ruda la postura del presidente gringo, tan escandalosa, que se ha generado un consenso de rechazo a su beligerancia entre los más diversos sectores y capas de la población mexicana; de igual manera hemos recibido la solidaridad internacional. Siendo más real y peligrosa la persecutoria política contra nuestros connacionales, que si pueden verse afectados en lo inmediato, sin embargo se ha colocado el tema del muro con mayor centralidad. Hay que anotar los aspectos retóricos de este asunto, símbolo máximo del proteccionismo, en este caso de límites territoriales. Dicho muro ya existe en diversas modalidades en un treinta por ciento de la frontera norte, con un tramo similar de río y el resto con desierto prácticamente mortal. El referido muro es el emblema de un proyecto de gobierno conservador y excluyente, que no tolera al distinto o, de plano, lo utiliza para reafirmarse en su papel hegemónico y exclusivo. 

Lo más agraviante del ya famoso muro en proyecto es su costo a cubrir por nosotros de acuerdo a las inusuales condiciones fijadas por Trump; es una ofensa mayor entre la serie de insultos y amenazas que nos ha indignado el magnate metido a político sin visión de Estado ni idea democrática. La respuesta mexicana ha oscilado entre la larga tibieza presidencial, el repudio popular, las obviedades opositoras y las lúcidas argumentaciones de nuestros intelectuales. No por esperable la reacción nacional debiera minimizarse; debe reconocerse que, cálculos políticos locales aparte, la inmensa mayoría de los mexicanos hemos entendido lo que significa la renovada política imperialista y nos hemos colocado del lado de los intereses nacionales haciendo una distinción entre lo que representa el Gobierno federal y lo que valemos todos nosotros como nación.

El debate del muro nos pone ante el espejo, nos cuestiona en nuestras actitudes con nosotros mismos; qué tipo de sociedad somos es una buena pregunta. Habría que aprovechar la polémica del muro fronterizo para analizar y derribar nuestros muros sociales, raciales, sexuales, religiosos e históricos. Porque siendo honestos y realistas con nosotros mismos habría que aceptar que hemos construido algunos tipos de muros intangibles y otro tanto de muros materiales que nos alejan y aíslan. No podríamos asegurar que somos iguales ante la ley, que el poder económico no determina acceso a la justicia, que las elecciones son libres y que, quien sea, puede votar y ser votado. Sin derechos básicos, como ocurre en nuestra realidad, los ciudadanos se topan con muros y se recluyen en áreas reservadas por dinero o poder político. 

Aún reconociendo algunos avances civilizatorios, ejercicio de algunos derechos y una débil  vida democrática sigue siendo dominante el muro social que excluye a los pobres y los condena a una vida marginal y precaria. Es muy alto el muro racial que clasifica en blancos y morenos, que provee de imágenes publicitarias donde estos últimos no existen y los señala como inferiores. Tenemos el muro religioso que separa a los fieles y creyentes de los infieles e incrédulos, con la pausa de tolerancia que ha traído el papa Francisco. El muro de intolerancia contra las minorías sexuales sigue siendo muy grande y fuerte, con cerco religioso y homofobia social que trae a debate aspectos francamente anacrónicos. Hay más muros en nuestra sociedad, contra los diferentes, contra quienes no se ajustan al estatus quo, contra los disidentes, contra los otros. Estamos atravesados por una línea de intolerancia e ilegalidad crónicas  supuestamente superadas pero que, a cada rato, saltan por donde sea y lastiman nuestra convivencia. Hay muros políticos y seudo ideológicos; los primeros son más inerciales y mundanos mientras que los segundos son simbólicos pero poderosos. 

El panorama es más o menos claro para los mexicanos: nos oponemos al muro fronterizo por convicción y defensa de nuestros intereses pero también avanzamos como sociedad derribando los muros que impiden que tengamos más inclusión, armonía, paz y desarrollo.


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sábado, 28 de enero de 2017

MEXICANOS AL GRITO DE GUERRA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

Malos tiempos vienen para los mexicanos de parte de Trump y su política de proteccionismo fascista, sobre todo para nuestros compatriotas que residen en territorio Estadounidense. Básicamente nos enfrentaremos a mayores restricciones en la frontera común y una política dura contra los mexicanos sin papeles que trabajan en ese país. Lo del muro es retórica, es el símbolo escogido para aglutinar a sus simpatizantes y sintetizar su pensamiento y oferta de campaña, ahora de gobierno. El ascenso de Trump a la presidencia dibuja un escenario de incertidumbre mundial, cambio de reglas e invitación a lo inédito. Trump desafía los avances que se venían logrando, lentamente, en el orden internacional en materias como derechos humanos, equidad, medio ambiente, paz y libre comercio, entre otros.

Más o menos va quedando claro lo que representa Trump, ahora sabemos que no está jugando, cree en lo que venía diciendo y lo va a poner en práctica. Es la visión de un personaje acostumbrado a mandar, autoritario, que se mueve en la élite económica, que no entiende de derechos humanos ni de la democracia; para el somos inferiores y el pretexto ideal para sumar entusiastamente a su bloque de apoyo. Va a emplear el poder para intentar ponernos de rodillas y fijarnos las condiciones de una relación favorable para su Gobierno.

El gran problema es lo que haremos nosotros, si tendremos el liderazgo necesario y la capacidad de unirnos para enfrentar al renovado imperio. A las agresiones contra los intereses nacionales de México, deberíamos responder adoptando una postura digna, no negociable, sin eufemismos. Urge la convocatoria presidencial y/o del Congreso de la Unión para un auténtico Pacto por México, que nos dé unidad básica, fortaleza y rumbo ante las hostilidades agraviantes de Trump. El sentido de patria y nación está vigente, hay que desempolvar los grandes ejemplos de nuestra historia. Escudriñar en nuestras fortalezas y reunirnos en torno a lo que nos une. 

El problema es real y está a la vista, no hay manera de obviarlo y, menos, de omitirlo; lo enfrentamos con fuerza e inteligencia o lo vamos a pagar muy caro. Aquí no debe haber medias tintas ni cálculos de poder local, no es asunto de partidos; los expulsados no son de un color político, las mercancías varadas no saben de siglas. Hagamos todo para que nuestros paisanos no sufran, para que no se desintegren familias, para que no sean vejados y para que no vengan a engrosar las filas del desempleo en su propio país.

De los preparativos del anunciado encuentro entre Peña Nieto y Trump, hay que extraer algunas lecciones: en primer lugar la contundente confirmación de la agenda anti mexicana del Presidente gringo, sin cuidar formas y con estilo artero, en seguida su empleo del Twitter como medio casi oficial de comunicación y los titubeos penosos de la diplomacia y presidencia mexicana. Cuando se discutía si era o no conveniente asistir a ese encuentro, Trump, prácticamente lo cancela. Estamos ante una conducta abusiva y grosera ante la qué hay que responder con dignidad y el despliegue de toda una política internacional que implique búsqueda de aliados y la generación de múltiples iniciativas tanto de defensa como de ataque.

Reivindiquemos el orgullo nacional, la identidad de lo mexicano, fortalezcamos al Estado, abramos paso a la democracia plena, tengamos diálogo y acuerdos básicos entre todos, apostemos a lo nuestro y, si hace falta, acudamos a la letra de nuestro himno nacional. Un México unido es mucha nación para quien sea. 


Recadito: El decoro no está en la ropa; lástima.
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jueves, 11 de agosto de 2016

La Corte Interamericana de Derechos Humanos en México


 Silvino Vergara Nava

“…ningún Estado puede considerarse por
encima del Derecho, cuyas normas tienen
por destinatarios últimos los seres humanos”.

Caso Almonacid Arellano y otros vs Chile
Sentencia de 26 de septiembre de 2006
Corte Interamericana de Derechos Humanos

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José (Costa Rica), constituida por la Convención Americana de Derechos Humanos y conformada por siete jueces de los países de Brasil, México, Chile, Colombia, Costa Rica, Argentina y Ecuador —cuyo cargo dura seis años—, sesionará en México del 23 al 26 de agosto de 2016, algo a lo que se le denomina “sesión extraordinaria”, debido a que se realiza fuera de su sede, con el objetivo de que en los diversos países en donde sesiona, normalmente por invitación de los gobiernos —en esta ocasión, por invitación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de México—, se divulgue la función y los trabajos que realiza la referida Corte.
Los asuntos de los que conoce la Corte Interamericana de Derechos Humanos son aquellas violaciones graves de derechos humanos enunciados en la Convención Americana de Derechos Humanos, de los casos emblemáticos propuestos por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos en contra de Estados que firmaron y ratificaron la Convención, así como de aquellos que aceptaron la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; por tanto, se juzgan asuntos en donde se considera que los Estados, por omisión o por acción, violaron estos derechos humanos de las personas. Desde luego, no son todos los Estados del continente americano los que pueden ser juzgados por la Corte, pues están excluidos, por no aceptar su jurisdicción, Canadá, Estados Unidos, Bahamas, Belice, Cuba, Jamaica, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente, Granada, Santa Lucía, San Kitts y San Nevis, y Guyana.
Se trata de casos emblemáticos, y no todos los asuntos, existiendo violaciones graves a los derechos humanos, llegan a ser juzgados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sino que muy pocos llegan a dicha jurisdicción. En las sesiones en la ciudad de México, que se llevarán a cabo en este mes de agosto, se realizarán audiencias públicas de cuatro casos contra Ecuador —dos asuntos—, Guatemala y Colombia, que versan sobre desaparición forzada y el homicidio de un ciudadano, cometido por un policía.
Además de que resuelve asuntos de violaciones a los derechos humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene otras atribuciones, como sostiene el exjuez de la citada Corte, Sergio García Ramírez: “La Corte cuenta con un amplio alcance, único en el Derecho internacional contemporáneo, que le permite interpretar, a solicitud de un Estado, normas nacionales, proyectos legislativos o reformas constitucionales (…) un servicio de la Corte está en capacidad de prestar a todos los integrantes del Sistema Interamericano, con el propósito de coadyuvar al cumplimiento de sus compromisos internacionales referentes a derechos humanos (…) sin someterlos al formalismo y al sistema de sanciones que caracterizan el proceso contencioso” (García Ramírez, Sergio y Mauricio Iván Del Toro Huerta, “México ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos”, Porrúa, México, 2011).
            Las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos han modificado las políticas y los sistemas jurídicos de los países que han sido juzgados —lo cual también ocasiona problemas de soberanía de los Estados—; por ello, son de suma importancia las sentencias que dicta. Tal situación sucede —por citar alguno— con el caso Herrera Ulloa vs Costa Rica, en donde se determinó que la efectiva administración de justicia atiende a que todo procedimiento judicial debe, por lo menos, contar con dos instancias. En México, el caso Castañeda Gutman representó la modificación a las disposiciones electorales, para que se permita la participación en las elecciones de los candidatos ciudadanos; en el caso Cantos vs Argentina, se determina que los derechos humanos no son únicamente aplicables a las personas físicas, sino que son extensivos a las personas morales o jurídicas. En Perú, los casos Barrios Altos y La Cantuta fueron, en parte, el origen del proceso judicial en contra del expresidente Alberto Fujimori, donde fue sentenciado a 25 años de prisión.

Es claro que estos asuntos son de suma importancia para que en los Estados se respeten los derechos de las personas y que las facultades y atribuciones de las autoridades de los Estados se encuentren sujetas a estos derechos, pues la violación sistemática de los derechos humanos da como consecuencia, a decir del juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Eugenio R. Zaffaroni, la existencia de los Estados totalitarios, y estos, de acuerdo con la historia, deben ser abolidos atendiendo a que son los que provocan los genocidios (Zaffaroni, Eugenio Raúl, “La palabra de los muertos”, Ediar, Buenos Aires, 2011). Estos Estados totalitarios, por lo regular, no son juzgados y sí olvidados, como sostenía A. Hitler antes del exterminio de los judíos: “¿Quien recuerda el genocidio armenio?” (Zaffaroni, Eugenio Raúl, “Un proceso histórico”, AR, Buenos Aires, 2012). Por ello, la función de esta Corte Interamericana de Derechos Humanos es de suma importancia en los países de América, en donde, muchas veces, como sintetiza el juez argentino de la Corte, se presentan “genocidios por goteo”. Desafortunadamente, no todos los países de América, al no reconocer a ésta Corte, muestran interés por proteger los derechos de sus gobernados.
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martes, 15 de mayo de 2012

Hollande, el nuevo presidente de Francia


París. El socialista Francois Hollande protestó hoy aquí como séptimo presidente de la quinta República Francesa para un mandato de cinco años, en una ceremonia solemne celebrada en el Palacio Presidencial del Elíseo.
El acto comenzó a las 10:00 horas locales, con un breve desfile de Hollande por la alfombra roja en el que pasó revista a las tropas instaladas en el patio del Palacio.
El todavía presidente Nicolas Sarkozy le recibió con actitud seria a la entrada del Elíseo, en un momento en el que ambos posaron para la prensa.
A continuación, los dos políticos se reunieron por media hora en el despacho presidencial para platicar del traspaso de poderes.
Sarkozy abandonó después el Palacio acompañado de su esposa, Carla Bruni, y minutos después Hollande comenzó la ceremonia de investidura recibiendo una medalla y firmando varios documentos para cumplir con el protocolo.
El nombramiento corrió a cargo del presidente del Consejo Constitucional, el conservador Jean-Louis Debré.
"Usted se convierte hoy en séptimo presidente de la V República y en el 24 presidente de la República Francesa (...) desde este día 15 de mayo, encarna los valores de la República y representa a los franceses. Felicidades" dijo Debré a Hollande.
Como es tradición en Francia, desde la época monárquica, en la ceremonia de protesta, celebrada en la sala de Fiestas del Elíseo, Hollande recibió de manos de un general el collar de Gran Maestro de la Legión de honor, símbolo de los jefes de Estado franceses.
Hollande dirigió a continuación un discurso en el que esgrimió los ejes de su gobierno.
"Dirijo a los franceses un mensaje de confianza este día. Somos un gran país que ha superado las pruebas y los desafíos siendo él mismo, abierto y no replegado" declaró Hollande.
Afirmó que el mandato que recibió fue "recuperar a Francia hacia la justicia, abrir una vía nueva en Europa y contribuir en la paz en el mundo y a la conservación del planeta".
Mencionó el mal panorama económico del país por su elevada "deuda, el crecimiento (económico) débil, el alto desempleo, la competitividad degradada y una Europa a la que le cuesta salir de la crisis".
"No hay fatalidad si movemos las fuerzas y las cualidades de Francia y la productividad de nuestros trabajadores (...)Fomentaremos la producción frente a la especulación" insistió.
El ya presidente subrayó que "la justicia será el único criterio sobre el que cada decisión pública será tomada" y que "la juventud tendrá el primer lugar" en los objetivos de su mandato.
Hollande recordó a todos los presidentes de la V República y enumeró temas de su programa electoral, consideró que Francia necesita "la unidad de la nación" y se comprometió a luchar contra el racismo y el antisemitismo y a ser un "Estado imparcial".
Al acto asistieron autoridades políticas y militares francesas, destacados miembros del Partido Socialista francés (PSF), representantes de las principales confesiones religiosas y la presidenta de la Patronal francesa, Laurence Parisot, entre otros.
También participaron los ex primeros ministros socialistas Pierre Mauroy y Lionel Jospin, el alcalde de París, Bertrand Delanoe y representantes de los sindicatos, por primera vez, así como numerosos invitados del mundo de la cultura y los medios de comunicación.
Durante el evento, en el que participaron centenares de invitados, entre ellos la compañera sentimental de Hollande, Valerie Trierweiler, se dispararon 21 salvas de cañón en el vecino palacio de los Inválidos.
En la calle en la que se ubica el Palacio presidencial numerosos partidarios del anterior presidente, Nicolas Sarkozy, acudieron para despedir a Sarkozy, que fue derrotado por Hollande el pasado 6 de mayo, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Luego del acto, Hollande tiene previsto realizar varios homenajes en la tumba del soldado desconocido, ante un monumento del fundador del sistema educativo francés, Jules Ferry, y otro en honor de la científica y premio Nobel Marie Curie.
También recibirá la medalla del Ayuntamiento de París de manos del alcalde de la ciudad, el socialista Bertrand Delanoe.
Esta tarde viajará a Berlín, Alemania, para mantener su primer encuentro con la canciller Angela Merkel, con la que mantendrá una cena de trabajo y ofrecerá una rueda de prensa.
Mañana está previsto que Hollande anuncie los nombres de los miembros de su gobierno y el jueves podría celebrar su primer consejo de ministros de acuerdo a varios medios de comunicación.
El primer presidente de la V República actual fue Charles de Gaulle, en 1959. Luego le siguieron Georges Pompidou, Valery Giscard d'Estaing, Francois Mitterrand, Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy.
Hollande es el segundo presidente socialista en la quinta República, que fue fundada en 1958, luego de Francois Mitterrand, que gobernó Francia entre 1981 y 1995.

con información de Notimex

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