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viernes, 7 de julio de 2017

LOS ANÓNIMOS Y LAS PILTRAFAS



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

Hace algún tiempo los anónimos eran excepcionales y remitían al  misterio; todavía con ese espíritu tradicional se usan en los actos de la delincuencia para la extorsión. Cuando se sabía de alguna carta anónima se desataban las especulaciones. Los anónimos eran cobardes o chistosos, se ocultaban para amenazar o para enamorar, había quien denunciaba a alguien o jugaba alguna broma. Supongo que los anónimos han existido siempre y seguirán circulando al infinito. En los tiempos que corren, del internet y las redes sociales, se ha abierto un océano de posibilidades para los anónimos, el que ya actuaba así y los que descubren un panorama inmenso y fácil. Es hasta un juego crear perfiles sin rostro y ficticios para decir lo que se quiera sin consecuencia alguna. No todos los anónimos tienen intenciones dolosas, muchos guardan discreción natural. Son nuestros tiempos, de comunicación instantánea y masiva. 

Las dificultades para hablarnos quedaron muy atrás, basta un teléfono para vernos y decir lo que queramos. Lamentablemente será lento, muy gradual, el proceso de alfabetización tecnológica en términos sociales; nuestra adaptación al buen uso de las redes también será parte de un largo y sinuoso trayecto. Por mucho tiempo, tal vez para siempre, habrá de todo en las redes sociales, como reflejo que son de la sociedad. Habrá más comunicación y conocimientos en el mundo virtual, como seguramente también amenazas  y riesgos. Se requiere buen manejo y contactos sanos para hacer frente a las partes nocivas que, queramos o no, estarán presentes en las redes.

En estos días tuve oportunidad de conocer de cerca lo dañino y fácil que resulta el manejo perverso de los anónimos en las redes sociales. Alguien sin nombre y rostro coloca una carta difamatoria de una persona, es retomada por otras y, curiosamente, de ella hace una nota un portal informativo. Sin omitir el daño que puede resultar de esta acción hay que asumir que es parte de lo que en las  redes aparece y desaparece, lo que se esfuma en minutos y casi no deja huella. Al respecto hay que mencionar, como ejemplo, que el sitio "Deforma" es de los más visitados a nivel nacional siendo una parodia del periódico Reforma. El problema del caso que menciono es su escalamiento de las redes a un manejo informativo pretendidamente periodístico. Ahí está el peligro para cualquier ciudadano; si los anónimos pueden volverse nota de prensa, estaríamos entrando a un ciclo nocivo para la integridad y la verdad de la gente. Es un exceso que los acusados tengan que salir a aclarar calumnias.

Así están las cosas en nuestro mundo, hay una lucha feroz y cotidiana entre lo real y lo virtual, entre la verdad y la mentira, entre el rostro con nombre y lo anónimo, entre el valor y la cobardía, entre la maldad y la bondad, entre la educación y la ignorancia, entre la condición humana y la esperanza de un mejor ser humano. Las redes permiten que se exprese lo mejor y lo peor de nosotros. Hay gente muy menor, mediocre y perversa que se aprovecha del anonimato y facilidad de las redes para dar rienda suelta a sus frustraciones y bajos instintos. Hay que aprender a vivir con eso, estar alertas y apelar al nombre propio para superar cualquier acto doloso de la escoria social que se presume mala e indecente. 

Quienes usan las redes como desahogo y para atacar normalmente no tienen nada que perder pues no cuidan prestigio alguno, carecen de él. La regla indica que no hay que hacer mucho caso a las mentiras provenientes de gente sin credibilidad. Tal vez si se vuelve sistemático, en los casos de nivel patológico, baste algún comentario firme y definitivo. Es muy dudoso el resultado cuando se trata de personas sin escrúpulos y dedicados a la extorsión como vivales que son. Entre más lejos se esté de ellos es mejor hasta por salud mental. Siempre hay que mantener la moral en alto pues intentarán golpear la dignidad al no tener capacidad ni cualidades para una crítica  y un debate político.


Recadito: La banda de "Los piltrafas", "Trastupijes" y otros, se consumen en odio patológico. Hay que verlos de muy lejos para no contaminarse.
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viernes, 10 de marzo de 2017

OPINIÓN DEPRESIVA Y AMARILLISTA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Los analistas, opinadores y cronistas ocasionales siguen, en lo general, sin encontrar las coordenadas y nuevos referentes de la coyuntura política que trajo la alternancia; omiten los datos duros de la herencia tricolor y abstraen el desastre que nos trasladaron, no solo al nuevo gobierno sino a toda la sociedad veracruzana. Despojados de casi toda objetividad han decretado el fracaso del Gobierno de coalición desde los primeros treinta o cuarenta días de la administración y, día a día, exigen los resultados que no se vieron en, al menos, los últimos doce años de gobierno en Veracruz. Desde luego que están en su derecho de opinar como les venga en gana, en un acto más militante de causas partidistas que de interés periodístico. Tampoco se les pide una postura inversa, su opinión debe ser conocida para los fines informativos que persigan. 

Por ser una sociedad plural, todo un valor democrático a preservar y defender, se debe trabajar mucho y en forma responsable para informar y contribuir a la certidumbre social y el fortalecimiento de las instituciones ante la crisis de gobernabilidad. Finalmente los problemas que padecemos no afectan a los funcionarios exclusivamente, repercuten en la tranquilidad común. Las posturas de todo bien o todo mal, maximalistas, solo confunden y nublan el entendimiento, alejando a la larga a la gente de un ejercicio concreto de participación ciudadana. Plantear que nada se hace bien o quedarse en el apologismo es realmente intrascendente y de autoconsumo. Son más resentidas por el juego democrático las opiniones sistemáticamente negativas de las fuerzas políticas opositoras, quienes eluden las responsabilidades democráticas que adquieren al constituirse en partidos políticos. Es todo un decepcionante espectáculo del oportunismo cuando las oposiciones emiten casi exclusivamente consignas, ocurrencias y generalidades, como si hablaran con ciudadanía zombi y no formaran parte del marco institucional que regula a nuestra sociedad. 

La ola violenta que azota a Veracruz, espectacular y atemorizante, es el argumento preferido de quienes afirman que ya fracasó el Gobierno de la alternancia. Noticiosamente se suman hechos violentos ocurridos en puntos muy distantes de la geografía veracruzana para proyectar una imagen de caos e inutilidad gubernamental. La seguridad ciudadana mejorará sin duda, el porcentaje de efectividad de las autoridades inicia por una política de cero corrupción, si los jefes no meten la mano al cajón sus subalternos seguirán su ejemplo. No festinar la violencia ni por equivocación es un imperativo ético, colaborar con las autoridades rompe  el circuito vicioso de la desconfianza y la desinformación. Por elemental coherencia humana y credibilidad nadie, sin excepciones, debiera utilizar los hechos violentos para denostar al gobierno en turno.

La violencia de la delincuencia organizada no respeta límites territoriales de municipios y entidades ni tampoco periodos de Gobierno, por eso vemos que se ha intensificado la guerra del narcotráfico seguramente por el cambio de administración y más por los ritmos que traen las células delincuenciales en todo el país. Los cárteles del narcotráfico desafían al Estado mexicano y amenazan nuestra convivencia social; ante esa amenaza real debemos tener mucho cuidado y proceder con absoluta responsabilidad. No hay comparación entre las nuevas autoridades y los que se fueron; tan no la hay que el ex secretario de seguridad se encuentra recluido en el penal de Pacho, dejando claro  que trabajó para su beneficio personal y en complicidad con la delincuencia. Es condenable el uso partidista o de amarillismo de los hechos violentos que lastiman gravemente a la sociedad; viene resultando obsceno el festinar las matanzas solo para afirmar que se vive lo mismo que el pasado muy reciente.



Recadito: La partidocracia (toda) ha derivado en un sistema de franquicias…
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viernes, 13 de enero de 2017

LA CRÍTICA FÁCIL Y LA PIEL DELGADA



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Observo un fenómeno curioso en el comportamiento de algunos periodistas en relación al gobierno de la alternancia; a varios de plano no les parece nada, minimizando lo que haga el Gobernador Yunes; a otros les parece mejor señalar el más mínimo detalle que, a su juicio, sea erróneo. Tengo la impresión que, razones aparte, es muy apresurando y de dudosa objetividad hacer juicios terminantes sobre las muy iniciales labores del nuevo gobierno. Las opiniones críticas, por llamarlas de alguna manera, se expresan en columnas sobre todo; es probable que posteriormente se coloquen en notas y coberturas más generales. 

Sin poner en duda la autenticidad de las críticas, justas o no, tampoco debe perderse de vista el papel que juegan las fuerzas políticas opositoras y los grupos de interés. Las oposiciones, natural y legítimamente, ponen el acento en lo negativo, mientras que ciertos grupos de presión destacan y distorsionan el más ínfimo detalle de los errores. El grupo que gobernó Veracruz los últimos doce  años perdió políticamente pero acumuló un enorme capital económico con el que puede desplegar acciones que impactan distintos ámbitos; sin duda intentará manifestarse en los medios de comunicación. 

La prensa veracruzana padeció un gobierno autoritario y corruptor, concentrador de la información y omiso ante la violencia que ensangrentó zonas sensibles del periodismo. Hay que destacar la valentía de un puñado de periodistas que, a costa de su seguridad personal, hizo una labor socialmente útil y democrática. Fueron maltratados sistemáticamente por un gobierno que no creía en la libertad de expresión y que creía que los medios eran parte de sus matraquearos. Los críticos de ayer gozan de la credibilidad para criticar hoy, lo hacen sin cortapisas y juegan un rol fundamental en el proyecto de la transición democrática. 

Hay algunos aspectos preocupantes en la crítica periodística, respetándola y estimulándola por supuesto, que se refiere a cierto facilismo con que se comparan actos del actual gobierno con los de los dos sexenios anteriores, a exigencias desproporcionadas de resultados y, sobre todo, al olvido del contexto y del pasado inmediato. Es muy incompleta la crítica que no tome en cuenta la emergencia financiera, los efectos del gasolinazo, los boicots silenciosos en el aparato público y los equilibrios entre poderes, entre otros aspectos de una realidad caótica en Veracruz. 

Hay una tendencia, voluntaria o no, a hacer una prensa militante sin identificarse así; anteponiendo una actitud prefabricada a cualquier análisis abierto que supone reflexión, dialogo y amplia racionalidad. Es obvio que nadie está pidiendo aplaudidores y cómplices, de ninguna manera; este es un gobierno legítimo, austero y transparente. Lo mínimo que se debe esperar de periodistas independientes y profesionales es el rigor que les exige su trabajo y el respeto a los hechos. Absoluta libertad de expresión como pieza fundamental en el funcionamiento de una sociedad democrática. 

Hay aspectos a considerar en la coyuntura actual en el periodismo veracruzano: no hay enlaces de prensa en las dependencias gubernamentales, muy poco o nada se acude al boletín, no hay convenios empresariales y se opta por la utilización del internet en sus distintas modalidades para tener una comunicación directa con la población; es evidente que los medios tradicionales se están rezagando de la actualidad en los procesos comunicativos y entrando en una crisis que puede ser terminal. La exigencia es enorme y pareja tanto para los gobernantes como para los periodistas; nos modernizamos todos o nos quedamos en el círculo vicioso de los monólogos y la simulación. Estos son tiempos de innovación y calidad, quien tenga elementos que aportar destacará en los medios, mientras que los funcionarios estarán informando y cumpliendo con su deber. No son tiempos de esconder la cabeza y menos de pretender manipular la información.


Recadito: El pesimismo de la inteligencia contra el optimismo de la voluntad. 


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