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lunes, 23 de octubre de 2017

¿QUÉ ES EL DERECHO FISCAL DE LA SOSPECHA?



Dr. Silvino Vergara Nava

Las oportunidades de mercado y el acceso
a los recursos son para los inversores extranjeros
y sus colaboradores locales… Es lógico, pues,
si no fuera así, ¿cómo lo harían ellos para medrar
en nuestro provecho?

Noam Chomsky

Ha cambiado el Derecho Fiscal en los últimos años; si es necesario poner una fecha emblemática, podría ser con la reforma fiscal para el año de 2002, es decir, más de una década de cambios, derogaciones, abrogaciones de contribuciones e implementación de otras nuevas que, más que reformar, han mutilado al Derecho Fiscal que conocíamos en la percepción clásica de un Estado de Derecho heredado de la concepción decimonónica que determina que el Derecho Fiscal es un conjunto de normas jurídicas del orden público que regulan los ingresos del Estado para sufragar el gasto público. El libro “Los procedimientos de fiscalización de un derecho fiscal de la sospecha” se presentará el próximo miércoles 22 de noviembre de 2017 a las 10 horas en el auditorio Heberto Castillo de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, de la ciudad de México. Obra que propone una respuesta a la pregunta acerca de qué ha sucedido con el Derecho Fiscal, del cual podemos observar varios cambios: a) la expansión de las facultades de las autoridades fiscales, b) los avances tecnológicos que han influido en la relación tributaria y c) la modificación hacia el reconocimiento y protección de los derechos fundamentales de los gobernados como contribuyentes. Ante todo esto, surgen diversas preguntas: ¿Cómo se justifican constitucionalmente los cambios tributarios?, ¿qué ha sucedido con los derechos máximos ante los tributos, como la proporcionalidad y la legalidad tributaria?, ¿cuál es la respuesta en los tribunales?, ¿qué propósito tiene el Derecho Fiscal actual: recaudación o vigilancia?
Se pretende denominar a este Derecho Fiscal actual como Derecho Fiscal de la Sospecha, pues se sustenta en una máxima que asume que cualquier contribuyente es evasor o, por lo menos, es infractor de la ley fiscal, por lo que se requiere de endurecer las disposiciones fiscales e implementar mejores mecanismos de vigilancia, pero de una vigilancia permanente donde discrecionalmente se les pueda eximir de esas redes tributarias a algunos de ellos, que son los poderes económicos transnacionales, a quienes se les permite la exención, y al contribuyente de a pie, la recaudación; a los primeros, las facilidades administrativas, y a los segundos, el ejercicio de las facultades de las autoridades fiscales.
Las modificaciones legislativas y jurisprudenciales se han realizado sin sustento jurídico doctrinal alguno; por el contrario, los cambios han sido, de inicio, legislativos, por presiones internacionales de carácter político y económico que han obligado a la implementación de disposiciones como en su momento lo fueron el Impuesto sobre Depósitos en Efectivo, el Impuesto Empresarial a Tasa Única —con vigencia de un sexenio— la Ley Federal de los Derechos del Contribuyente —que rompe con la codificación fiscal— y el control por medio de la expedición de los comprobantes fiscales y de la bancarización de las operaciones económicas.
Además, a estos cambios legislativos hay que darles un sustento jurisprudencial, y ese sustento ha sido desafortunadamente el que ha permitido que a estas mutaciones —salvo las benditas excepciones en decisiones valientes de los tribunales— se les dé el carácter de constitucionales, lo cual no es nada sencillo porque se requiere de una especie de “ingeniería constitucional”, una serie de argumentos “gimnásticos” que justifiquen constitucionalmente la existencia de esas medidas fuera de toda concepción constitucional. Todo esto, gracias a que tribunales, jueces, magistrados y ministros asumen la posición ius-filosófica de la corriente del neoconstitucionalismo para cumplir con el cometido y, a través de ello, implementar y “constitucionalizar” en la legislación mexicana estas innovaciones tributarias, con la finalidad de hacerlas hegemónicas con las demás legislaciones de otras naciones y, desde luego, también con las que corresponden a América Latina y a los países afines a la economía mexicana —obviamente, la legislación de los Estados Unidos de América está excluida de ello—.
De ese modo, esta legislación tributaria permite una vigilancia permanente en los contribuyentes de a pie, pues la tendencia político-económica es la denominada “liberal”, es decir, a la que le corresponde tutelar y dar preferencia a los derechos de libertad más que a los de igualdad, pues bien, esto es parte de la propuesta que pone en la palestra la obra “Los procedimientos de fiscalización de un derecho fiscal de la sospecha”, que se presentará el próximo miércoles 22 de noviembre de 2017 a las 10 horas en el auditorio Heberto Castillo de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, de la ciudad de México.

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lunes, 28 de septiembre de 2015

¿Es estrictamente indispensable el pago de Impuestos?



Dr. Silvino Vergara Nava

“Vamos a invertir primero en educación, segundo
en educación, tercero en ecuación. Un pueblo
educado tiene las mejores opciones en la vida
y es muy difícil que lo engañen los corruptos y
mentirosos.”
José Mújica

Cada que esta en debate en el Congreso de la Unión la ley de ingresos y el presupuesto de egresos, así como corriendo una nueva crisis económica, como se presenta actualmente, con el incremento del valor del dólar, la caída de los precios del petróleo, la dependencia en el envío de dinero de los migrantes, la necesidad de aumentar las solicitudes de préstamos a los organismos internacionales, se hacen la pregunta las ciudadanos: ¿Es estrictamente indispensable el pago de Impuestos?
La respuesta jurídica, desde luego que es afirmativa, así lo determina la propia Constitución de los Estados Unidos Mexicanos –artículo 31 fracción IV-, desde la respuesta oficial sería en el mismo sentido, pero la respuesta sociológica habría que analizarlo, pues se pagan los impuestos para sufragar el gastó público, por lo menos esa es la teoría que justifica en México el pago de las contribuciones, el eterno problema es ¿Para qué es el gasto público?, pareciera que no queda muy claro, menos aun con los criterios del Poder Judicial, en donde con mucho cuidado se pueden analizar que la respuesta es un simple formalismo jurídico: Es gasto público todo lo que determina el presupuesto de egresos, y ¿que dice el presupuesto de egresos?, en realidad muy poco entendible para el ciudadano cautivo, el que finalmente debe de pagar la deuda de los compromisos pactados en decisiones que normalmente no son democráticas y si tecnócratas, basadas en los organismos internacionales empezando con la OCDE, que mas que consejera de nuestros países de América Latina es el rector de las políticas publicas.
A estas deudas permanentes para la población, que se han vuelto impagables, ha insistido el profesor norte americano N. Chomsky:  “La gente de las favelas no pidió prestado ese dinero, ni lo pidieron los trabajadores rurales. A mi juicio, esa deuda no le corresponde al 90% de la población brasileña más que a mi vecino de al lado. Que pague el dinero la gente que lo pidió”. (CHOMSKY, Noam “Cómo Funciona el Mundo” Katz Editores. Argentina, 2013) Estas deudas se contraen debido a que en ocasiones se requieren, pero en muchas de las ocasiones desde el propio préstamo ya están etiquetadas para un fin determinado pero que no se cumple, de esa forma, a los campesinos no les llegan los apoyos económicos autorizados en la ley de ingresos, son tan complejos que se quedan en el intento, la asistencia en salud sólo alcanza a las grandes metrópolis, no a las comunidades rurales, la educación es pobre y limitada, el promedio en nuestro país es sexto de primaria, todo ello pareciera una gran invitación a la migración para que estos con-nacionales sigan apoyando a su nación enviando dinero del extranjero, porque de los productos alimenticios se encargan las grandes corporaciones transnacionales y sus frondosas ganancias.
En esta problemática en donde no existe la claridad suficiente del destino del gasto público, adicionalmente, no contamos con la efectividad para que el gasto público efectivamente sea eso: público, es que la respuesta a la pregunta: ¿Es estrictamente indispensable el pago de Impuestos? Es debatible, pues las grandes partidas a las instituciones electorales y a los partidos públicos, no ha representado un Estado más democrático, por el contrario pareciera que las decisiones son de los pocos y no de todos, esto mismo sucede con el expendió en el gasto de seguridad publica, que el incremento en ese rubro ha dado como respuesta más violencia, y menos libertad a los simples ciudadanos, igual ocurre con el gasto en otros rubros, se extienden los gastos para la implantación de los juicios orales, e incrementar los tribunales y juzgados, pero no para la justicia. En palabras del juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos  Eugenio Zaffaroni, ante esta problemática que observamos en todo América latina: “la cuestión es cómo equilibrar el interés por la preservación del medio ambiente y el derecho al trabajo y el crecimiento económico,… lo que debe dilucidarse en cada caso es si la explotación económica es racional o depredadora.” (ZAFFARONI, Eugenio Raúl, “El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo” Ediciones Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2015)
En tanto, todas las cargas de las perdidas le corresponden a los ciudadanos y sus impuestos, pues de las ganancias se encargan los bancos y las instituciones financieras mundiales, por ello es que existe cada día más una oposición permanente a la globalización, y esta se presenta a través del nacionalismo, como desde 1989 después de  la caída del muro de Berlín lo sintetizaba el profesor Francis Fukuyama: “El nacionalismo ha sido históricamente una amenaza para el liberalismo en Alemania y lo continua siendo en algunos lugares aislados de la Europa.” (FUKUYAMA, Francis, “El fin de la historia”, Chicago, 1989) En conclusión, pareciera que, si es evidentemente que es estrictamente indispensable el pago de los impuestos, pero para incrementar la legitimidad del Estado, que bien que hace falta, y es todo un reto.


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