viernes, 26 de mayo de 2017

MENOS RUIDOS Y MUCHAS NUECES


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

Con una rapidez apenas perceptible prácticamente ya están concluyendo las campañas electorales municipales, terminan con algún efecto en el interés ciudadano y perfilando algunos rostros y colores como opciones para los potenciales electores. Lamentablemente son las propuestas y las ideas las damnificadas de este proceso, como ya se ha vuelto costumbre en un tipo de competencia meramente formal y tradicionalista. No quiero generalizar, aludiendo únicamente a Xalapa, municipio que habito y conozco. No han aparecido las ideas llamativas y esperanzadoras, circulando casi todo en torno a generalidades y, lamentablemente, muchas ocurrencias. De repente parece que no estamos en una elección municipal, cuando se leen y escuchan supuestas soluciones para educación, economía, seguridad y, en un exceso de tipo demagógico, hasta para el futuro de México. 

Creo hay una carencia de mayor relevancia y centralidad de los grandes temas municipales, al menos no es lo que destaca en los mensajes más públicos de las candidaturas, sin obviar que algunos han hecho un esfuerzo de elaboración y comunicación de ciertas líneas propositivas. Hay cierta responsabilidad de ese problema en la duración breve de la campaña y en la imposibilidad de transmitir los mensajes en medios masivos de comunicación, como la radio y la televisión, exceptuando a las redes sociales. Es obvio que las candidaturas marginales pueden decir lo que sea, sepan o no de que hablan, hacer planteamientos desproporcionados sabiendo que no tendrán que hacerse cargo de sus consecuencias; mientras que los de mediana presencia si delinean algunas ideas un poco más elaboradas y concretas sobre su proyecto de gobierno.

Por historia, resultados recientes, datos a la mano e imaginario colectivo se pueden considerar a tres candidaturas como las más fuertes ( PAN-PRD, MORENA y PRI-VERDE ) para alcanzar la mayoría electoral; entre ellas,  las dos primeras apuntan para ocupar los dos lugares principales según algunas encuestas. En esas condiciones, hay que poner mayor atención en los perfiles y propuestas de sus abanderados; se trata de una dama xalapeña y un investigador universitario, que combinan cualidades y posibilidades para gobernar la capital veracruzana. Ambos podrían ocupar la Presidencia municipal y hacerlo bien a condición de que tengan muy clara la enorme responsabilidad que les aguarda, asuman un rol de coordinación -no  presidencialista-, convivan democráticamente con un Cabildo plural, creen mecanismos de transparencia, abran el Ayuntamiento a la ciudadanía y cumplan escrupulosamente con la legalidad. No veo ventaja mayor en poseer títulos académicos, se trata de gobernar un municipio, no de dirigir alguna institución universitaria. En ese sentido, la candidata de la coalición PAN-PRD no desmerece ante el candidato de Morena; al contrario, tiene a su favor ser la única mujer que participa con posibilidades y lograr ser la opción de las mujeres xalapeñas. 

Se juega un futuro al menos de cuatro años para Xalapa, colocada ante la disyuntiva de la continuidad u otra alternancia; recuérdese que ya tuvimos una alternancia en 1997; en ese paso viene el reto de mejorar en todos los órdenes, de no pretender que se parte de cero o que se descubre el hilo negro. Se debe tener claro que no estamos ante un debate ideológico, que las candidaturas locales son las que se quedan aquí y asumen los resultados. Las tendencias electorales son el punto de partida para las candidaturas, favorecen o afectan a los aspirantes, pero no deberían hacerles pensar que obtienen el derecho a mezclar agendas locales con nacionales, es un error y un despropósito. 

Debo insistir en que del cotejo de las plataformas electorales de todos los partidos se va a concluir que sus coincidencias son enormes; es lógico pues estamos ante un ámbito municipal, con un gobierno que cuenta con un presupuesto y facultades determinadas: servicios, obras y algunas otras. Las diferencias están en los tonos y los estilos. Me adhiero sinceramente a las propuestas locales, al realismo municipal, a la idea de un Cabildo plural y muy representativo, a un gobierno capaz y de ley; no quisiera intercambiar clientelismo tricolor por algún otro color. Xalapa es especial, cuenta con un buen nivel de capital social positivo, tiene brillante historia y tradición cultural; no merece regresión ni partidismo. Estamos muy por encima de coyunturas políticas y debemos ver un futuro luminoso.

Recadito: Mi voto va para la coalición "Veracruz, el Cambio Sigue" y su candidata Ana Miriam Ferraez.
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jueves, 18 de mayo de 2017

INERCIAS, VOLATILIDAD Y PLURALISMO


Uriel Flores Aguayo 
@UrielFA


Sin omitir las formas que adquieren las competencias electorales, con sus disputas y excesos verbales, con su ligereza e intrascendencia en lo sustancial, hay que apelar a la buena fe, el sentido común, a los mínimos democráticos y a cierto sentido de sobrevivencia de los actores principales: partidos, líderes y candidatos. Esa apelación pretende enfocar los problemas comunes de nuestra sociedad y las amenazas graves a nuestra convivencia social y a La Paz pública, en el intento de que la competencia derive en gobiernos serios, funcionales, tolerantes y plurales. En nuestro caso el juego electoral se basa en la lucha por los Ayuntamientos, pero ya tiene la carga de la muy adelantada sucesión presidencial del 2018, en mucho por la presencia y estrategia de AMLO, casi el único personaje que abiertamente hace adelantada campaña para llegar a Palacio Nacional, y otro tanto por la elección gubernamental en el Estado de México, cuna del "grupo Atlacomulco", en el poder federal, al que se le está dificultando mantener el control de esa que ha sido su reserva de votos y recursos públicos. 

Este llamado invoca mesura y tolerancia, convencido de que la violencia verbal o un simple tono rijoso, muy utilizado en la plaza pública, destruye puentes, aleja posturas y es la antesala de la violencia física. La descontrolada ola de violencia que azota a México, hace urgente que se generen consensos sociales y políticos, de unidad básica, para reconstruir el tejido social, acabar con la impunidad y reivindicar el Estado de Derecho. Sin esas premisas básicas no habrá solución a nada, sin importar siglas, colores y personajes. Las elecciones son una vital e irrepetible oportunidad para darle centralidad a esos problemas, para pactar unitariamente las medidas a aplicar y lograr en los resultados un ambiente sano que permita vivir en paz, tranquilamente y con bienestar. 

El discurso importa pero puede ser de menor impacto ante los operativos de maquinarias oficiales que desnaturalizan los procesos electivos y atrofian la voluntad popular. Hay que romper con ese círculo vicioso: a elecciones de Estado o aparatos públicos que manipulan la expresión popular se responde con afanes radicales al menos plasmados en condenas verbales. Salirse de ese contexto nocivo es muy difícil, se requiere una gigante voluntad política y democrática que no se observa en el horizonte. A más competencia se imprimen más acciones anacrónicas. Aún así hay que reunir paciencia, sensibilidades y voluntad supremas para en lo sencillo y básico tender puentes de comunicación y lograr un piso común para que las instituciones funcionen al servicio de la gente. 

Observo una tendencia fácil por las descalificaciones y la polarización, negando el valor del contrario, considerándolo enemigo; se da la impresión de una guerra, de intentonas de eliminación del contrario. Hay una patética pretensión maniquea de auto asumirse como buenos y señalar como malos a los adversarios. Esa es una postura antidemocrática por definición que no aporta nada positivo al juego electoral y coloca minas para el futuro inmediato. Ante ese cuadro hueco y facilón que, además, no expone ideas positivas y soluciones a la problemática municipal, hay que reivindicar el respeto absoluto y escrupulosos al pluralismo y a las decisiones de cada quien: no pensamos igual, tenemos motivos distintos para votar de determinada manera y, más nos vale, alentar la participación libre e informada de los ciudadanos. Es una aberración que haya quien piense que solo sus ideas cuentan y que los demás están equivocados. 

Los sufragios tienen las más variadas motivaciones, tantas como ciudadanos haya; también las abstenciones suelen explicarse de diversas formas. Hay votos históricos, votos duros, votos de partido, votos de candidatos, votos coyunturales, votos útiles, votos libres, votos clientelares, votos de inconformidad, entre otros. De todos, los más volátiles son los de la inconformidad y la coyuntura, llegan y se van cada vez más rápido; se otorgan casi a ciegas y colocan a personajes en puestos públicos con o sin méritos; muchas veces, por ignorancia, esos personajes creen ser el origen de algún momento o fenómeno electoral. La inconformidad es real y normal pero si no se convierte en reglas nuevas, otras figuras políticas e instituciones renovadas, lo más seguro es que fracase y se vuelva decepción. El PRD, partido de origen caudillista y "atrapa todo" puede dar cuenta de ese fenómeno. 

Nos queda alentar la participación ciudadana en las elecciones, vigilar que haya elecciones libres, informarse de las opciones, respetarlos a todos y darles seguimiento una vez que sean electos. 

Recadito: Medio flacona la caballada (Figueroa Dixit) en Xalapa.

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lunes, 15 de mayo de 2017

XALAPA: ¿PARTIDOS O CANDIDATOS?



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

La pregunta relativa a la importancia mayor o menor entre los partidos o los candidatos, pertinente a la hora de tomar la decisión de votar, es extensiva al resto del estado de Veracruz. Es una disyuntiva que también puede volverse suma o complemento, es decir: partidos y candidatos. Tiene que ver con la realidad de los partidos políticos más allá de de las  siglas y su registro, en su realidad concreta y actual, con casi nula vida interna, sin posicionamiento programático y con manejos unilaterales de una o un muy reducido número de personas. En términos simples los partidos políticos no están cumpliendo con su papel constitucional, legal, teórico y democrático que tienen asignado, convirtiéndose en un embudo que atrofia y pervierte a la política. Así están todos en lo general, con mayor o menor gravedad de su crisis. De ahí el cuestionamiento sobre el sentido de votar por determinado partido, razonando si tendrán la capacidad para gobernar y, más aún, si merecen el voto y la confianza de los ciudadanos. 

Si los partidos por sí solos, en mayor o menor grado, no justifican ser receptores de nuestros sufragios, lo que sigue como guía electoral son los candidatos, teniendo que observarlos con algún detenimiento. Algunos tienen cierta carrera política, otros no; los de antecedentes políticos tienen la ventaja de contar con la experiencia mínima que se requiere para gobernar y la desventaja, en su caso, de contar con buena o mala fama pública. Hay candidaturas de personas sin antecedentes políticos, lo que puede ser un defecto o una virtud; dudo que contribuyan quienes nunca se hayan involucrado en la vida pública de Xalapa o su municipio; tampoco van a aportar significativamente quienes no cuenten con un perfil adecuado, por estudios o trabajo. La ineptitud y la potencial corrupción no distingue entre políticos viejos o ciudadanos determinados vueltos políticos nuevos. No basta con decirlo ni con una alta dosis de voluntarismo para que se haga un mejor gobierno. 

Si para decidir el voto esperando algo diferente no basta el partido ni el candidato, hay que revisar las planillas y las propuestas, incluyendo visiones e ideas. Es muy importante conocer a quienes quedarán como regidores pues integran el Cabildo y votan asuntos de la mayor importancia para la vida municipal, como son los presupuestos y las obras, entre otras tantas decisiones fundamentales para los ciudadanos. Por costumbre se cree que el Ayuntamiento es presidencialista, sin embargo debe rectificarse esa idea por el papel tan determinante que juega el Cabildo, dando forma a un gobierno combinado entre la figura presidencial y el colectivo de ediles. Cada regidor es un voto; en el caso de Xalapa, el cabildo cuenta con quince ediles: un presidente, un síndico y trece regidores; sus acuerdos se someten a votación y requieren mayoría, ocho en este caso, para ser legales. Entre más plural sea el Cabildo habrá mayores equilibrios y se requerirá un ejercicio político de calidad y con acento democrático. 

Se supone que los regidores son la expresión de la pluralidad social, que representan a sectores y capas de la población, versatilidad generacional, ocupaciones, niveles de estudios, géneros, entre otros rasgos indispensables para que cuenten con la legitimidad suficiente que les permita ser el puente entre la ciudadanía y el Ayuntamiento. Esa es la base necesaria para que los ediles sean útiles a la gente. Hasta ahora se ha acostumbrado que los ediles representen a sus partidos, sean de bajo perfil, levanten la mano sin chistar y se transformen en casi empleados de los presidentes municipales. Esa inútil y anacrónica situación debe cambiar, ahora los regidores tendrán que prepararse más, involucrarse de fondo en las tareas de gobierno, informar y rendir cuentas a los ciudadanos y ser exigentes con los Presidentes municipales. En esta nueva etapa municipal en Xalapa y Veracruz, el acento en los Ayuntamientos debe estar en su funcionamiento colectivo, en su transparencia, en su eficacia y en su austeridad.

Recadito: Sigue la espera de ideas, visones y propuestas en los candidatos de Xalapa. 



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sábado, 6 de mayo de 2017

SABER, RAZONAR, VOTAR Y MANDATAR





Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


El momento público en Veracruz está determinado por la elección municipal, por la renovación de los doscientos doce Cabildos. Se tiene que tomar una decisión importante, se  trata de las autoridades que, en su nivel, toman las resoluciones concretas sobre obras y servicios básicos y manejan los presupuestos; es relevante quien encabece la planilla y pueda llegar a la presidencia pero también el resto de los ediles en tanto votan y deciden sobre los asuntos municipales. Ya es una obviedad reconocer la crisis de los Partidos Políticos, observable muy de cerca en nuestro entorno local: en general, son membretes de autoconsumo donde decide una o unas cuantas personas sobre las candidaturas. Hay grados de vacío entre las organizaciones políticas, desde las que no pasan de un mero registro legal hasta aquellas que hacen un intento por darse un mínimo de vida orgánica y cierta deliberación. Sin vida democrática los partidos sólo pueden generar hechos anti democráticos; hay casos de verdadero abuso de poder y control, donde los dirigentes reales o formales disponen de las candidaturas con anacrónico criterio patrimonial.

Obligados a registrarse en algún partido político, muchos ciudadanos optan por alguna sigla sin diferenciar de nombres, colores y tendencias; hay de todo, lógicamente, desde los aspirantes de siempre y los oportunistas de ocasión hasta las personas de buena fe e ilusiones auténticas. Salvo por su posicionamiento electoral y la buena o mala fama ninguna sigla partidista es indispensable o exclusiva, quedando como el medio y plataforma electoral para quienes quieren ocupar un cargo edilicio. Sin exagerar, sobre todo en los municipios medianos y pequeños, el perfil y la figura de los candidatos van a determinar en mucho los resultados. Al haber mayor acercamiento de los suspirantes a los partidos y coaliciones con mejor posicionamiento de arranque, se dará la impresión de fuerzas imponentes y triunfadoras sin considerar que, en muchos casos, son las figuras de las personas, en lo individual, las que aportan el extra para conformar el resultado. 

Habiendo campañas en curso es la oportunidad de conocer la trayectoria, la capacidad y las propuestas de las planillas, especialmente de quienes las encabezan. En la medida que los votos sean libres y conscientes tendremos gobiernos municipales honestos y eficaces. Hay que insistir que se trata de una elección municipal con efectos cotidianos en nuestra vida por cuatro años. Se respeta la participación de todos, solo se les pide que trasciendan las ocurrencias y él voluntarismo; hay mucho en juego como para estancarnos en improvisaciones y la paja. Lo más sano para los municipios es que haya Cabildos plurales y equilibrados, es la mejor vía para que no haya excesos y abusos entre las nuevas autoridades. Mucho poder, sin experiencia, podría derivar en fachadas y caos. Quien quede deberá hacerse cargo de la práctica de gobiernos austeros, eficaces y transparentes.

El partidismo, esto es, la pretensión de que el discurso de un partido explica todo y es suficiente para todo, es un grave error; se debe hacer conciencia de  que, respetando su existencia y la opción de cada quien, los partidos son siglas y registros. Agitar superioridad es algo unilateral, que debe someterse a la prueba de los mecanismos internos y el ejercicio de gobierno. Procesos como el que se desarrolla actualmente son una gran oportunidad en los partidos para acreditar visión, sentido propositivo y contar en sus filas con las personas preparadas para cumplir un papel decoroso en las tareas de poder municipal; esa posibilidad se limita a esta elección, sin adelantar repetición de esas cualidades o defectos en las elecciones futuras. 

Es un grave error que los candidatos dediquen parte de su tiempo a descalificar a sus oponentes, peor todavía si descienden al insulto o realizan actos circenses. Es algo inútil partir de posturas que planteen que todo está bien o todo está mal, que no se refieran directamente a los asuntos que interesan y preocupan a la ciudadanía. Cada partido y sus planillas van a recibir una parte de los sufragios del porcentaje de participación electoral, es decir , recibirán un mandato cuya base es relativa; no deben, por tanto, creer que pueden hacer lo que quieran. En la realidad social y política vota un porcentaje que oscila entre el treinta y el sesenta por ciento del padrón electoral, no es lo deseable pero ese es el nivel de nuestra democracia. Hay amplias capas de la población que no se involucra, que se conforma en el abstencionismo y es ajena a quienes se postulen, digan lo que sea. 

Para avanzar democráticamente, para elegir autoridades serias y hacer de las elecciones un proceso civilizado, festivo y muy útil, lo mejor es participar, informarse, escudriñar, defender la libertad de elección y asumir que estamos dando un mandato, la confianza y el honor a quienes ocuparán los cargos municipales.


Recadito: La planilla de regidores del PRD en Xalapa, es una caricatura aderezada de abusos y desprecio a la gente.
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viernes, 21 de abril de 2017

CREER LO QUE VES O VER LO QUE CREES



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Estas palabras pueden ser apropiadas para los tiempos políticos que vivimos en México, tal vez siempre lo fueron; o no, si hablamos de unos veinte años antes, cuando las palabras no tenían ningún sentido en el mundo de la política. La incredulidad ciudadana es fuerte y tiene mil justificaciones, con el riesgo de ser muy duradera hasta terminar en hastío y abstencionismo; la velocidad y montos de la información que circula en las redes es un poderoso factor para que se mezcle y desoriente el debate: más cantidad sobre la calidad, juicios sumarios, verdades a medias, mentiras completas, conspiraciones y treinta conclusiones en doce horas. Los líderes políticos en general, con sus contadas excepciones, asumen con lentitud y hasta torpeza las nuevas formas de la comunicación, enfilándose hacia una lamentable reproducción de esencias anacrónicas: cambian las formas pero se sostiene el contenido, hay más colorido e imagen pero con mensajes caducos. 

La apertura a la verdad, la buena fe y las convocatorias unitarias brillan por su ausencia; se sostiene una dura tendencia al enfrentamiento y la ruptura. Con ello, se desperdicia el tiempo y se desnaturaliza la función asignada a líderes y representantes. Abunda el sectarismo y la inmediatez, no se enriquece la vida pública ni se abren rutas al desarrollo democrático. Hay sectores políticos que le apuestan al fracaso del gobernante y ansían un golpe de suerte, súbito, que los lleve al poder, del nivel que sea, sin acreditar perfiles y proyectos. Actos de fe, ni buena o mala, sustituyen la construcción de ciudadanía, cultura cívica y democracia. Sin deliberación, crítica y autocrítica, reflexiones y posicionamiento de los que andan defendiendo espacios y de los que andan aspirando a ellos, solo pueden resultar procesos electivos vacíos, intrascendentes y regresivos. 

La aprehensión del ex gobernador Duarte, actualiza los rasgos fundamentales de los humores sociales y el estado de ánimo ciudadano observado en el nivel de la información, las tomas de posición, cierto debate y las teorías producidas abundantemente. Sin mayor esfuerzo se adoptan todo tipo de versiones respecto al hecho, aun las más descabelladas, siendo las de más elevada aceptación aquellas que encierren complejos misterios o puedan resultar espectaculares. A una asombrosa velocidad se producen supuestas explicaciones de todo que llevan a un mayor número de interpretaciones haciendo naufragar a la lógica, cualquier aspecto que represente racionalidad y brincándose hasta lo obvio. Se enmarca el acontecimiento legal en una generalizada incredulidad que lleva a muchos a decretar conclusiones que no admiten razones y deja muy poco al tiempo en que transcurrirá el proceso judicial. En esa línea se sabe poco, se aprende menos y no se valoran los avances en la consecución de la justicia y la recuperación de los fondos públicos sustraídos a las arcas de Veracruz, por la pandilla que nos desgobernó.

Entiendo qué hay rezago en la presencia de Estadistas, en la generación de demócratas y en portadores de ideas, con efectos en tal pobreza de nuestra vida pública que incide fatalmente en el alineamiento social por causas huecas y signos clientelares. Esa es nuestra realidad, asumirla cuenta como acto de honestidad y superación, sin desgarrarse las vestiduras, pensando en un proceso gradual que nos lleve a una vida pública más sana, donde el gobierno funcione, la gente participe en los asuntos colectivos y vivamos en paz y con progreso. 

Es real la influencia de la condición humana en los asuntos de gobierno, son cuestiones de poder que emparejan siglas, pero hay un sistema dominante que se reproduce a través del tiempo y no distingue de colores. Nuestro mejor aprendizaje en el caso Duarte, debería ser el de modificar de raíz las condiciones institucionales que lo hicieron posible, apelando a formas democráticas. Hay que privilegiar la legalidad, la transparencia, la austeridad, el compromiso y la eficacia. Hay que respetar la pluralidad, huir del maniqueísmo y cultivar valores profundamente democráticos. Si no se entiende así, un poco después vendrán otros similares, acompañados de oleadas de cinismo y desencanto. Poco o mucho pero hay que aprender de estos fenómenos decadentes y tomar otro rumbo, serio y seguro, gradual, sin atajos y salidas milagrosas.

Nada fácil, por cultura e inercia, superar las posturas extremas e inmóviles del todo está bien o todo está mal; más complicado todavía para quienes se escudan en pretendidas ideologías, ausentes por obviedad, que no pasan de discursos y ocurrencias, insistiendo en encuadrar cualquier hecho en la visión de algún líder o grupo político. Se renuncia al pensamiento libre y se aparta o choca con los ámbitos colectivos. Como antídoto a estos fenómenos hay que subrayar la pluralidad, disminuir el sectarismo y fomentar la unidad social indistintamente de siglas y colores. 


Recadito: Triste lo de Duarte, más triste lo de los veracruzanos; nos cuesta salir de niveles bananeros en todo.

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jueves, 13 de abril de 2017

TRIVIALIZAR LA VIOLENCIA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Como ocurre prácticamente en todo nuestro país Veracruz no escapa a la ola de excesiva y monstruosa violencia, seguramente incrementada en los últimos años por la omisión y complicidad de todo tipo de autoridades. Lo que vemos son muestras de crueldad inaudita, proveniente de seres diabólicos; la violencia que nos azota viene del pasado y se nutre de los mismos factores que afectan a todo México. La fuerza económica y armada del narcotráfico es descomunal, tiene ingredientes internacionales, y desafía a los Estados nacionales, en lo individual, así como a los organismos mundiales; esas fuerzas corrompen, coptan y fijan una variedad de reglas. Su incidencia en los ámbitos locales, como en Veracruz, le da enormes ventajas ante la debilidad o la corrupción de quienes debieran enfrentarlo, tal y como ocurrió recientemente. 

La violencia criminal es promovida por fuerzas poderosas, está instalada en muchos ámbitos sociales y no respeta, obviamente, el color de los gobiernos ni procesos políticos como la alternancia; a esos grupos delincuenciales casi nada los detiene, realizan sus operaciones y, sin freno, se lanzan a ocupar otros espacios interviniendo, incluso, en actividades políticas. Son un grave peligro para la convivencia y el desarrollo de nuestra sociedad. Su fuerza le viene del dinero y las armas pero han logrado avanzar desproporcionadamente por la debilidad de las instituciones, por la impunidad y las ambiciones de algunos sectores sociales. 

Ante el terror que traen cuerpos esparcidos en los caminos, las fosas clandestinas y las imágenes de desaparecidos, así como las denuncias de secuestros y extorsiones, se esperarían declaraciones oficiales de emergencia y una actitud más firme de la ciudadanía. De inicio, asumir la gravedad de esa situación y poner como prioridad la agenda de la seguridad y observación de la ley. Sin embargo eso no ocurre, ni en el gobierno federal ni en los partidos políticos, y tampoco en la sociedad. Hay temores evidentes y afanes de desviar la mirada, evitando reconocer nuestro fracaso como gobierno de la República  y todo el cuestionamiento al estilo de vida que hemos adoptado. 

Digno de sorpresa y estudio es lo que ocurre en Veracruz, donde por primera vez hay un gobierno decidido a combatir realmente a la delincuencia de todo tipo y cumplir con el mandato popular generando condiciones de seguridad para la ciudadanía. Este gobierno heredó un desastre en materia de seguridad, con hegemonía delincuencial y con policías involucradas mafiosamente; para ilustrar la profundidad del abandono en seguridad y orfandad de los ciudadanos basta referir que se encuentra preso el más reciente Secretario de seguridad pública. En unos cuantos meses es prácticamente imposible revertir el oscuro escenario en esta materia, lo cual será posible en buena medida en plazo corto si tomamos en cuenta el cese a la impunidad, cero corrupción empezando por los mandos y el control absoluto de todas las fuerzas policiales.

Ante el drama que vive la sociedad veracruzana se esperaría seriedad generosa y disposición unitaria de todos, ciudadanos y líderes; sin embargo, hay conductas tan ligeras y erróneas que, sin quererlo, se vuelven parte del problema en algún grado de responsabilidad cómplice. Tenemos al informador que hace amarillismo con los hechos de sangre y todo lo saca de contexto; tenemos al diputado y al político opositor que exige resultados en la más grande simpleza, sin asumir su parte como actores públicos; tenemos al directivo social de algo que clama justicia rehuyendo participación más activa en las soluciones. En fin, se trivializa la violencia; al minimizar la desgracia que nos azota se facilitan las cosas a la delincuencia.

Una actitud democrática implica unidad sin poses facciosas y politiqueras, la violencia no distingue colores, su origen mayor es mucho superior a un gobierno estatal y a un partido político; debería borrarse todo tipo de sectarismo. Es obvio que se debe cuidar y fortalecer el tejido social, observar la legalidad sin excepciones y embarnecer el Estado de Derecho, dándonos instituciones de seguridad ciudadana confiables y eficaces.


Recadito: Siempre hay partidos "atrapa todo", las justificaciones varían con el tiempo. 

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viernes, 7 de abril de 2017

LOS OTROS Y NOSOTROS, MEXICO Y EL MUNDO


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Antes de que agarren vuelo las campañas por la presidencia de México, bien vale la pena expresar algunas definiciones básicas para la convivencia social. Todavía es menor el ruido de los tambores de guerra electoral y ya empieza a notarse cierta polarización en nuestra sociedad, con sus nocivos efectos en la división social y la ineficacia con sectarismo incluido de los aparatos de gobierno. Este es buen momento para dejar claro lo que nos une o nos debe unir, la calidad de las elecciones, los puentes a tender, el piso común y el día después de las elecciones. Habría que crear un consenso sobre los valores democráticos elementales: Diálogo y pluralidad. Nadie que reniegue, de palabra y acción, de tales principios debería recibir mandato popular.

Elevar a lo sagrado el valor "del otro" que, junto conmigo, somos nosotros; asumir qué hay otros en la sociedad, que piensan y votan distinto. Ahí se funda el respeto y la tolerancia; de esa concepción surgen el diálogo y las formas civilizadas de convivencia y competencia. No debe haber lugar para la política de la descalificación, ni voz que deshumaniza al adversario y justifica la violencia. El maniqueísmo de buenos y malos camina en sentido contrario al respeto por los demás. Sería un poco humorístico lo que sucede con cierto tipo de fundamentalistas sino fuera una postura peligrosa en si misma: El que reparte certificados de buenos y siempre se auto adjudica el suyo, dejando a los malos de su imaginación los papeles sucios. 

México viene de una vigente cultura autoritaria, la que se justificaba con la revolución; el avance democrático todavía no desarrolla plenas formas democráticas más allá de lo formal; somos otro país en tiempo y algún progreso atrapado en los cacicazgos y clientelismo de hace cien años. Del partido de Estado, membrete sin espíritu y oxígeno, pasamos a un sistema de partidos con rasgos de franquicias, vacíos de ideas y representación y controlados por una persona o un grupo. El culto a la personalidad del presidencialismo se trasladó a los partidos políticos, concebidos como plataforma individual o grupal de poder. 

No hay autoritarismo bueno o malo, todas sus manifestaciones son nocivas para el desarrollo social. Con todos sus defectos, viéndolas como organismos reformables, las instituciones actuales están por encima de la voluntad individual. No hay plaza pública ni búnker cupular que interprete el interés general ni sustituya el sentir popular. No hay atajos para los cambios, sus caminos son lentos, graduales y poco épicos. La magia radica en el despertar y la participación de la gente, con sus derechos e intereses. Las recetas milagrosas son como todos los productos de ese carácter, fraudulentas y contraproducentes. 

Al venir de fraudes electorales y cerrazón de las élites, más preocupadas por acumular poder, pueden surgir sectores sociales y políticos justicieros que quieran la vieja medida de "ojo por ojo y diente por diente", alimentando la venganza en el resentimiento social existente. Ahí está la prueba para los Estadistas, para los líderes genuinos, para quienes creen en la pluralidad y respetan a los otros. Es la prueba de mantener lo que funciona para renovarlo o destruir todo y levantar lo que sea con las cenizas. No hablo de teorías, parto de la realidad conocida, sin duda habrá justicia pero no se mezclará con la forma de pensar de los perseguidos; es decir, las penalidades se aplicarán a los que hayan delinquido no a los disidentes. No habrá "archipiélago de Gulag" ni "revolución cultural" ni campos de reeducación. Desde ahora se debe aligerar la confrontación, proscribirse la violencia verbal y la descalificación al contrario; no somos enemigos, si acaso adversarios políticos, pero somos connacionales y, sobre todo, humanos. 

Creo en esas bases para la política partidista y electoral, como una forma clave de contribuir al desarrollo de todos los órdenes de la sociedad y hacer una sana vida pública. Creo también que en este momento todavía hay oídos para las reflexiones y las palabras que quieren lanzar mensajes de sensatez. Después será tarde, con el ruido de los discursos, las porras y los spots. Todavía no se ve el alineamiento férreo en torno de los partidos y las figuras. A riesgo de pecar de ingenuo, me animo a exponer estas ideas que quedarán plasmadas para la posteridad.

  

Recadito: Me voy a quedar a apagar la luz.
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domingo, 2 de abril de 2017

LA POLÍTICA NUESTRA DE ESTOS DÍAS


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Las notas políticas del momento en Veracruz tienen que ver con las próximas elecciones municipales mientras que, en el país, se van colocando de manera muy general las relacionadas con la sucesión presidencial. Prácticamente todos los partidos han definido sus candidatos a ediles, al igual que ya se aprobaron a los independientes. El saldo democrático es muy pobre en los mecanismos electivos internos, omitiendo a las bases y excluyendo aspirantes que no lleven algún tipo de padrinazgo. Lo curioso es que esas prácticas se presentaron en todos los partidos, nuevos y viejos, evidenciando una crisis estructural de ese tipo de organizaciones, las cuales han dejado de jugar un papel democratizador para pasar a ser, más bien, membretes o siglas con registro legal y de auto representación.

La forma vertical y cupular que integran las planillas municipales es el antecedente directo o la condición fundamental de Ayuntamientos débiles y coptados por intereses particulares; es mucho más fácil que se presenten improvisaciones, frivolidades y corrupción con autoridades ilegítimas de origen y obedientes de grupos de poder. Es dramática esa realidad política veracruzana, sin creer que tenemos la exclusividad. Pareciera ocioso detenerse en la crítica y la reflexión sobre este momento en la vida pública de Veracruz, sobre todo ante la contundencia en los comportamientos partidistas y la timidez opositora interna. Es evidente el abandono de proyectos colectivos, la falta de autenticidad en los perfiles y la nociva exclusión de voces diferentes. 

Los ciudadanos observan con más pena que interés los espectáculos partidistas, sus jaloneos, su esmero por evidenciar raquíticas formas políticas y su lejanía con los intereses de la gente. Ese tipo de comportamiento es la mejor promoción del abstencionismo y el rechazo a la política, con lo cual perdemos todos, pierde la sociedad y pierde la democracia. De las imposiciones, dado el caso, pasamos al desinterés y a la generalizada falta de participación en los asuntos públicos. Puede ser más cómodo y fácil gobernar sin la gente pero, a la larga, resulta contraproducente en aportaciones fiscales, conservación de instalaciones públicas, denuncias ciudadanas, redes de solidaridad, seguridad, cooperación para obras, limpieza, campañas de salud, etc.

Mucha gente se pregunta quienes se dedican a la política y para qué sirve esta; etapas como la actual, intensa y masiva, nos muestran los rostros de nuestros políticos, reales, de carne y hueso, con su trayectoria y sus ideas. Es cuando se pueden examinar y hacerse merecedores de nuestro voto. El déficit de capacidades, voluntades y autenticidad es enorme, haciendo de su ubicación una auténtica hazaña entre la maraña de nombres, sonrisas y promesas. Esos son nuestros políticos, de todos los colores, ellos ocuparán los cargos edilicios, tendrán que ver con los asuntos cotidianos de la vida municipal; no son ángeles, son hombres y mujeres con propósitos que pueden o no coincidir con la colectividad. Será tarea ciudadana resolver a quien le da su voto y, con él, la confianza y el mandato para gobernar conforme al interés general. 

Sin duda, la futura elección presidencial federal rondará al proceso municipal, por estrategia de ciertos partidos o por inercias; tal vez sea inevitable que así sea. De ocurrir esa especie de mezcla electoral, habrá que hacer un esfuerzo mayor porque no se dejen de valorar las candidaturas locales, distinguiéndolas de las que ya suenen para "la grande". El edil electo es quien va a dar la cara a nivel local, quien tomará las riendas del Ayuntamiento y será responsable de su buena marcha. Eso es suficiente para fijarse muy bien  en el perfil de los candidatos, distinguir de sus capacidades y optar correctamente. 


Recadito: Es indispensable, sana y normal la unión de los diversos contra la violencia. 


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viernes, 24 de marzo de 2017

ILEGALIDADES PEQUEÑAS Y DELINCUENCIA ORGANIZADA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

La crisis de Estado que vivimos adopta formas alarmantes, presentes en todas partes y en todos los momentos. Hay una epidemia de violencia azotando a nuestro país, con la complicidad u omisiones casi semejantes de una clase política extraviada, frívola y voraz. Ante las escenas de barbarie y todo tipo de actos violentos hay algunas condenas, pocas sorpresas y mucho mutis. No se ha mostrado conciencia y voluntad para enfrentar a la criminalidad y la degradación social, dejando que avance la descomposición y el empoderamiento mafioso. No se omite que estamos ante un desafío mayor, de viabilidad de Estado y la paz pública, que los niveles municipales y estatales están rebasados, que podemos deslizarnos a una crisis mayor: de confrontación armada abierta y directa que obligue a restringir libertades e instale el autoritarismo. No hay justificación para seguir simulando que el sistema funciona, qué hay poderes y elecciones, que se gobierna y se dan garantías a los ciudadanos mientras la sociedad es aterrorizada por las bandas del narcotráfico. 

El urgente y obligado pacto democrático debe girar en torno al compromiso con la legalidad, inhibiendo pequeños actos que violen el marco legal, tanto de los poderosos como de la gente en general; ni delincuentes comunes u organizados pero tampoco de cuello blanco. La tolerancia a las ilegalidades debe ser de cero, del tamaño que sean. Nada de justificaciones de cualquier tipo para quienes violan las leyes y rompen los pactos de convivencia. Desde las fuerzas políticas y los liderazgos se debe ser muy claros y contundentes con la no protección a los transgresores de la ley, con la aplicación estricta de las normas y las garantías a los ciudadanos de bien. Ante las escenas de terror que nos atemorizan solo la participación informada, consciente y organizada de los ciudadanos podrá evitar el colapso y retomar una forma de vida sana y normal. 

En las elecciones municipales en curso pero más en la próxima presidencial radican muchas de nuestras esperanzas y desafíos, habrá oportunidad de conocer en los aspirantes sus ideas al respecto, sus propuestas y compromisos. Atienden esa problemática y  le buscan soluciones serias o perdemos el tiempo con ellos y nos condenamos a más violencia y descomposición social. Lo que ya no se podrá eludir es la necesidad de hacerle frente a una situación tan grave, que golpea a los ciudadanos y amenaza con generar una situación de crisis generalizada. Ni autoritarismo ni demagogia; las salidas deben ser de corte democrático pero de frente, sin utilización electoral de hechos tan delicados. Desde  ahora será importante que haya definiciones en temas tan relevantes como el papel de las fuerzas armadas, en la legalización de ciertas sustancias y en los programas de rehabilitación, sin omitir una política integral que, además de la fuerza indispensable, se considere la política social. 

En la seguridad ciudadana, La Paz pública y condiciones de armonía social debe haber consensos entre las fuerza políticas y los liderazgos nacionales; son exigencias mínimas de responsabilidad democrática, terrenos donde no cabe la división y donde se deben sumar fuerzas; si no se entiende, si se elude o, al contrario, se utiliza para golpear y ganar ventajas, se estará mostrado severa limitación para ser merecedores de la confianza de la gente y la oportunidad de gobernar. Es enorme el daño que nos han  hecho la politiquería y la frivolidad, mientras los grupos políticos juegan a lo que sea son los delincuentes quienes se ensañan con la gente. Los desaparecidos, las fosas, las extorsiones, las pilas de cadáveres y los asesinatos debieran ser motivo suficiente para adoptar posturas serías y comprometidas, para darle prioridad a su atención, para unir fuerzas y devolvernos la tranquilidad como fin estratégico de los que aspiran a ocupar cargos en la vida pública.



Recadito: Preguntemos quienes serán y como le harán para gobernar los municipios.
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